sábado, 17 de marzo de 2012


Uno de los nuestros (1990)


Otras habrán podido gustar más o menos, pero es innegable que esta tiene un encanto especial. Uno de los nuestros es una historia de la crudeza del éxito fuera de lo legal y la opresividad del clan, adaptada al cine bajo la batuta del maestro Scorsese.

Ray Liotta narra, en el papel del italo-irlandés Henry Hill, su propio ascenso siendo sólo un chaval que llega a ganar la confianza de su entorno de mafiosos negándose a delatarlos ante un jurado. Evoluciona escalando posiciones bajo el amparo de una importante familia para, finalmente, llegar al desencanto. Pone en común sus intereses con Jimmy y Tommy, unos Robert de Niro y Joe Pesci absolutamente brillantes en una interpretación espontánea, muy propia y creíble que los consagró en el cine negro y le mereció a este último un Oscar. Cabe decir que ambos personajes demostrarán tener un doble filo muy agudo que Henry debe tener en cuenta en cada momento para moverse con seguridad.

La novia y después esposa del protagonista es la resuelta Karen, interpretada por una estupenda Lorraine Braco que nos introduce en la historia de las mujeres de los gánsters en un mundo estrictamente patriarcal, mujeres que deben renunciar muchas veces a su honor para mantener el prestigio social de sus parejas y que además son una víctima colateral casi segura en caso de que ellos caigan en desgracia dentro de la familia. En el caso de ella, mantiene una relación de amor-odio con su marido muy intensa y absorbente, que de algún modo define en un pensamiento que le surge tras protegerle él de un agresor:Sé que hay mujeres que habrían dejado a su novio en el momento que les hubiera dado un revólver. Pero yo no. Si he de decir la verdad, hasta me puso cachonda.” Enfrentados a menudo pero trabajando siempre como un equipo, son todo un aliciente en el guión.

Me hace especial gracia la forma en la que queda patente la corrupción de la que son parte intrínseca los compadres de Henry y él mismo. Hay unas escenas impagables dentro de la cárcel cuando coinciden varios de ellos y se les ve en una sala que se les ha dejado para su uso privado. Ahí tienen instalado sofás y televisión, fogones y todo tipo de utensilios de cocina para desarrollar su actividad favorita: la preparación de pasta y albóndigas -de tres tipos de carne- para la cena. Un guardia les lleva el vino que les mandan entre otras cosas desde el exterior sus familiares. 


El Don Paul y los suyos, pagando por sus crímenes


La filosofía de vida de este grupo queda resumida así de simple en boca del protagonista:Para nosotros, vivir de otra manera era impensable; la gente honrada que se mataba en trabajos de mierda por unos sueldos de miseria, que iba a trabajar en metro cada día y pagaba sus facturas estaba muerta, eran unos gilipollas, no tenían agallas. Si nosotros queríamos algo lo cogíamos y si alguien se quejaba dos veces le dábamos tal paliza que jamás volvía a quejarse.” Violencia, coacción y corrupción conjugadas en acción constante en una de las películas favoritas del que escribe.





jueves, 8 de marzo de 2012



El canon es la regla a seguir, pero en el lenguaje social es el perfil que establece la medida en la que alguien merece mayor o menor respeto por parte de los demás.
Casi automáticamente lo completamos con la expresión “de belleza”, ese concepto tan absurdo pero que tan de cabeza nos trae; no voy a perder ni un minuto en sacar todo aquello de las venus en el paleolítico o las mujeres pintadas por Rubens o el David. Ni falta que hace joderlo con los tópicos reveladores y liberadores de siempre sobre la evolución de los gustos que llevan no pocos artículos, textos y demás. Es el prejuicio que esconde el canon lo que vengo a desmontar.

El primer punto es que me paso por el culo que exista una norma que establece quién o qué es bonito y qué no. Claro que me han gustado chicas guapas que a otros mil tíos también, no pretendo ir de “lo superficial no importa, ¡si os fijáis en eso dais asco!”: que se aparten los pagafantas, a estas alturas no es presentable tener que hacer un alegato defendiendo los valores del interior. La cosa es que el dichoso canon pesa sobre todos nosotros, pero en el caso de nuestras compañeras sobrepasa lo ridículo. Indudablemente, la suya es una jaula muchísimo más estrecha, que en un delirio surrealista  hasta se le ha adscrito una regla numérica. ¡Una puta regla numérica para definir la belleza! ¡Una consecución de medidas que pretenden determinar qué chica está buena y cual no! Me gustaría encontrar al genio o iluminada que parió esa tontería sólo para modelar sierra en mano tan brillante idea. Ni Dexter podría superarlo.

Sobre lo que viene a continuación acepto la subjetividad que como chico heterosexual me aporta mi atención, pero en origen es lo mismo independientemente de quién lo lea: no hay regla de mierda que se sostenga, que pueda trivializar lo que se siente al rodear con la mano la cintura de determinada chica en un momento dado. Es demasiado personal y en buena parte hormonal como para que alguien te diga en cuántos centímetros se aleja o acerca a una cifra absurda. No hay estereotipo que pueda convencerte de qué tono de pelo y color de ojos son claramente más perfectos que los de alguien que te ilumina el día con una mirada. No se sostienen estereotipos como el "rubio/a con ojos azules" como tampoco se puede denigrar pertenecer a él: hay ojos azules de infarto como también hay sapos con ojos azules, ya ves tú. Hay alambradas amarillentas por melena y peinados discretos o atrevidos a juego con una personalidad, y qué. La variedad nos hace únicos.

No se puede retocar fotográficamente la realidad, pero es que se nos está haciendo creer que es necesario alterarla cuando no hace ninguna falta: no hay nada que mejorarle a una maraña de cabello despeinado y unos ojos entrecerrados cuando alguien se despierta a tu lado. ¿Qué hay de sexy en caminar como robots sobre una pasarela? Igual que con las poses ensayadas, es una burla a lo agradable de lo natural intentar mecanizar cada detalle. Si has de cambiar lo que ya es bonito, es que no lo es tanto.

Ojazos tiene...


Puedo respetar que haya profesionales dedicados a crear nuevas fórmulas para vestir a quien voluntariamente lo busca pero ¿una industria de la belleza que se dedica a destruir de cara a la sociedad al que no se asemeje al modelo que nos muestra? ¿Que además se alimenta de renegar cada uno o dos años de lo anterior frente a las novedades con el único fin de introducirnos en una espiral de consumo? ¿Con qué derecho han impuesto su modelo, totalmente excepcional e infundado, y obligado especialmente a las mujeres a renunciar a su salud, rebajar su dignidad y ante todo a desterrar su independencia? Tampoco ha faltado en esta labor esclavizadora la participación de discográficas y cadenas que han dictado estéticas y modos de vida orientados sobre todo a ellas para obligarlas a asumirlos y perseguirlos. Vendidas como trozos de carne para el negocio multimillonario, han conformado estándares que tienen que ser impuestos con toda la maquinaria publicitaria para no ser rechazados por un juicio lógico. Estándares que, no lo olvidemos, siguen llevando a la tumba a niñas y chicas que más que nunca debían sentirse libres en una sociedad moderna y son atacadas desde todos los frentes para someterse a la tiranía estética predominante.

Simplemente no puede pasar inadvertido cómo se han aprovechado estos buitres de la situación de inferioridad en la que vive la mujer para atarla todavía más. Todas estas décadas de publicidad atestiguan cómo han orientado cada campaña a vender sus productos utilizándola a ella misma de piedra angular. Fijaos en sus anuncios, la basura comercial más reciente donde presentan sistemáticamente a la mujer segura, autosuficiente, divertida, seductora, emprendedora… la esclava infalible dedicada a satisfacer en vida a una sociedad caníbal. Habrán podido cambiar la imagen de la ama de casa de los cincuenta, pero no la sumisión que subyace. Todo eso es lo que se le exige, y estar por debajo supondía una traición en todos los círculos: el familiar, el laboral y el personal. En general, nos han inducido a todos a visualizar el acto de consumir como un gesto de rebelión e independencia, de genuinidad: es una maquinaria muy eficaz que se sabe aprovechar de nuestros roles sociales y sexuales y que nosotros hemos aceptado e interiorizado en nuestro juicio crítico.

Y esto lleva a lo tercero: no somos nadie para decidir sobre los demás, y ya está. Yo no tengo ningún derecho a criticar a una mujer por ser muy alta y delgada como si es todo lo contrario, y lo mismo con un hombre. Se puede cuestionar, claro, a quien se mantiene así por alcanzar un estereotipo y machaca su salud o se empeña en deformar sus rasgos por imitar los modelos establecidos; ahora bien, ni yo ni nadie tiene la mínima potestad para juzgar unas características físicas que nos vienen dadas de nacimiento como tampoco lo que se hace para estar a gusto con uno mismo. No hay respetabilidad algunla en la opinión de quien se basa en criterios físicos para juzgar a las personas.

¿Cuántos de nosotros podríamos permitirnos señalar al que no pertenece a un canon, si prácticamente nadie lo alcanza? Pero sobretodo, ¿quién es tan gilipollas para querer alcanzarlo? La diferencia entre lo respetable y lo despreciable es más clara de lo que pueda parecer: basta con conocer hasta qué punto la propia imagen tiene más peso en la vida de alguien que los demás aspectos. Un cuerpo no dejará de ser el soporte de una persona con una conciencia dentro. Por otro lado, como es el único que tenemos, sentirnos cómodos con nuestro propio cuerpo es una razón suficiente para pasarse por los ovarios o por los cojones lo que tenga que decir nadie. Si al final quien nos gusta, nos gusta y a quien gustamos, gustamos...







jueves, 1 de marzo de 2012

Nunca he creído que haya un orden concreto para las cosas, un estado de equilibrio absoluto... y sin embargo, qué cerca se deja sentir. Porque no hay rugir sin respiro, esta tarde, en Radio Hanoi:


Música para templar el alma >> Morrowind






martes, 28 de febrero de 2012


No es país para viejos (2007) 


En un ambiente desértico y paradójicamente opresivo, junto a la frontera con México, McCarthy va moviendo los hilos de una historia sin prácticamente recovecos que los directores llevan con un ritmo absolutamente maestro. Es una lenta cacería en la que frialdad y remordimiento se alternan durante dos horas a través de personajes hundidos, sin nada que perder a excepción de dos millones de dólares que, para desgracia suya, se han visto hurtar a un veterano de guerra.

Un escalofriante Javier Bardem le pisa los talones en cada punto de su huída, ahora ya por su propia vida. El código ético del sicario y una enorme capacidad de improvisación lo convierten en un depredador total; por suerte para el espectador, los dos son hombres con recursos de sobra que hacen cada encuentro distinto al anterior. Siempre sobresaliente, Tommy Lee Jones es un sheriff con una deuda con su propio pasado que se ve superado por el avance implacable del español, repleto de muertes colaterales y adelantándoseles siempre a él y a su ayudante. La acción no se centra especialmente en estos hechos, que con sencillez pero mucha credibilidad se van sucediendo en un goteo constante durante la película en el que sucumben personajes no siempre sin relevancia; no hay sorpresas a la manera de Tarantino, como tampoco súbitos estallidos de la música en momentos de más acción: simplemente disparos precisos y la acción continúa con su lento progreso. Tienen nombre propio: son los hermanos Coen en su mejor versión. 

Precisamente la ausencia de banda sonora acentúa todavía más el ahogo de las situaciones y el peso de cada palabra en un guión breve y genial. Una frase en concreto se me queda grabada: “Si seguir tu norma te ha llevado a esta situación -le dice el desalmado protagonista al otro-, ¿qué clase de norma es ésa?”.



domingo, 26 de febrero de 2012

De la misma forma que cada mañana me levanto sabiendo que tengo otra jornada más para mejorar, también sé que hasta aquí llevo hecho un camino que no muchos podrían haber igualado. Suena en Radio Hanoi...


música que no deja morir el orgullo >> Perkele









jueves, 23 de febrero de 2012


Yo no dudo que desde la policía consideren imprescindible cargar contra estudiantes que se manifiestan. Claro que es necesario para ellos frenar, en la medida que puedan, las acciones de la población: precisamente ése es su trabajo. Por eso mismo consideramos al antidisturbios un mercenario y no un humilde trabajador; por eso nos avergonzamos de compartir nuestro espacio y los recursos que generamos con aquellos que están esperando la orden para reventarnos la cara a porrazos y destrozarnos a ostias en el suelo.

Así que ni mucho menos me podrían sorprender las declaraciones de un sindicato de perros guardianes mofándose del propio hecho de manifestarse y justificando cada golpe lanzado contra un estudiante así como también una cría, un abuelo o un padre. Tampoco lo hace el comprobar una vez más cómo los voceros de la extrema derecha desde sus reductos vuelven a intentar desprestigiarnos con unas maneras que de puro ridículas resultan sonrojantes y de paso nos identifican como siempre lo han hecho con todo aquello que consideran malo –lo cual muchas veces no deja de ser un verdadero honor, no lo niego-. Por mucho que les moleste, no van a poder convencernos de que no hemos visto lo que todos hemos podido apreciar, ni van a convencer a nadie -a excepción de esos buenos fascistas recalcitrantes que vienen convencidos de serie de la naturaleza malvada del manifestante- de que todos los detenidos valencianos son ex-convictos con cargos de todo tipo, auténticas bestias deseosas de matar monjas y comer niños mientras queman residencias y hospitales.

Cuando nos manifestamos estos días lo hacemos completando nuestro mensaje original. Seguimos reivindicando con mayor fuerza si cabe la defensa de nuestra educación, la única barrera entre una sociedad civilizada y una tiranía de los poderosos, pero añadiendo nuestra rabia tras los golpes recibidos por nuestro colectivo y, en general, por cualquier persona que reclama el mantenimiento de las bases mismas de nuestra cultura. No renunciamos a nuestra actitud pacífica porque sabemos que somos una mayoría respaldada por la razón de las palabras, pero estamos y seguiremos estando aquí para recordarles a quién se deben y qué es lo que nos están haciendo. Tampoco les convendría olvidar con tanta facilidad que las porras y los cascos no van a ser siempre suficientes si siguen abusando de la impunidad de la que han gozado toda la vida.




Uno de los mejores temas de una banda mallorquina sin igual resume muy bien dónde se encuentra el verdadero problema. Lo dejo aquí porque realmente hace honor a esta situación a la que nos han llevado.



Les llaman radicales, marginados 
sólo son rebeldes en una tierra hostil
No hay oportunidades, solo obligaciones 
leyes absurdas que no quieren cumplir.

Se burlan de la ley y del que la hace cumplir
cómo se nota que son de aquí.
Buscais soluciones para ellos
y el problema sois vosotros.
Policias, maestros ignorantes:
el problema sois vosotros
el problema SOIS VOSOTROS. 



lunes, 20 de febrero de 2012

Hoy escribo poco y se lo dejo todo a otro blog. Traigo un poquito de memoria, de esa que tanto hace enfadar a los pacíficos devotos de la reconciliación, siempre y cuando se mantenga enterrada en cunetas.

Pensábamos que era un escándalo poner en Defensa a un empresario del negocio de la muerte. Sin embargo, este no fue el único candidato a ocupar el puesto. ¿Cómo hay que considerar entonces la calidad de este otro posible fichaje?

El recientemente elegido director general de la Guardia Civil, Fernández de Mesa, demostró sobradamente sus servicios a la España que luchaba por pervivir en la Transición y cuyo recuerdo atesoran con especial cariño quienes hoy nos gobiernan. Chiquilladas... ¿acaso no hicieron otros lo mismo?

Cometieron dos errores, pretender matarnos y no cumplir su objetivo. Hoy seguimos vivos para señalarlos: somos hijos y nietos de la justicia profanada.








sábado, 18 de febrero de 2012

Hay días tanto tiempo esperados que merecen una banda sonora a su medida. 
Hoy, en Radio Hanoi:


 Música para forjar el cuerpo  >>The Prodigy 


 







viernes, 17 de febrero de 2012




El sociólogo por excelencia, Max Weber, relacionaba los menores niveles de industrialización y desarrollo de algunos países europeos con la doctrina católica presente en su tradición cultural. Más que por la mentalidad a la que él aludía yo señalaría el tipo de estructura social parasitada por la jerarquía que se derivó de ella y que siempre hemos cargado en España e Italia, si bien a estas alturas de la película es evidente que son más los factores y mucho más variados.

La prensa ha retomado el debate y las comparaciones sobre las distintas formas que ha adoptado el capitalismo al asentarse en nuestras sociedades. Me permito un momento para decirles a los que en 2008 proclamaban la caída del sistema tal y como lo conocemos que sí, se está reconvirtiendo y no, no precisamente hacia su extinción, por lo que una vez más recomendaría menos “se-ve-venir” y más realismo crítico. Si se termina por haber llegado de forma natural al final de su ciclo –esto es, autoconsumiéndose- nos arrastrará a todos al abismo, conque tampoco habrá mucho que celebrar. Pero hay algo de cierto en que aquí nunca se han hecho las cosas igual que por el norte y escapa a los hábiles ojos del empresario español. Viendo el rumbo que han mantenido siempre cabe imaginar que junto a tanta biblia y catequesis les debieron colar el Manual del Perfecto Incompetente: es que hasta yo mismo les podría enseñar mil formas de aplicar más eficientemente el capitalismo que como lo hacen los vástagos de la CEOE.

El caso es que estos estúpidos que deciden omnipotentes sobre nuestros derechos como trabajadores no son capaces ni siquiera de ceñirse a los más básicos pilares teóricos de la economía que defienden. Se afana un sector del partido que gobierna en aupar a los tecnócratas e intentar hacer de esta una injusticia sólida, una máquina explotadora bien engrasada; ni siquiera eso saben hacerlo bien.  Nos encontramos con que, inspirados por los enormes éxitos que debe estar cosechando la estrategia sobre Grecia del chantaje europeo, la derecha y los empresarios nos cuelan el primer capítulo de una nueva reforma fecal siguiendo exactamente los mismos esquemas decimonónicos de los que siempre han hecho gala; a saber, en primer lugar, facilitar el despido aún más si cabe.

Sólo por esto ya habría que afilar los cuchillos, pero no sólo los que nos vamos a joder vivos directamente con este ataque –y recuerdo que o bien vuestros padres, abuelos o parejas son propietarios de una cadena de hoteles en expansión o vais a currar y sufrir exactamente igual que yo-, sino también esta estirpe de retrasados incapaces de entender que somos nosotros quienes reinyectamos el dinero de nuestro sueldo en sus empresas. Primera lección: reduciendo la cuota de consumidores, y encima a las puertas de una recesión, están negando a su sistema su componente más vital. Antes de que salten con las pérdidas de las empresas habría que matizar el lenguaje que se utiliza en los medios. Dicen “esta empresa perdió 1.393 millones de euros en 2010 respecto a 2009” cuando ni mucho menos son pérdidas: esta empresa ganó 6.500 millones de euros, habiendo ganado a su vez 7.893 el año pasado –estoy utilizando cifras del beneficio neto de Telefónica solamente en España-. Éso es hincharse a ganar unos cuantos millones menos, no perder. Por cierto, con la bajada de beneficio a nivel nacional como excusa, César Alierta despidió al 20% de sus empleados aquí en un alarde de patriotismo -esa gran causa que invocan nuestras tradicionales élites económicas cuando conviene-. En total, ese año había subido un 30% el beneficio neto global de la compañía.

En segundo lugar, la reducción de salarios. Puede ser que entre sus votantes haya calado la idea de que “toca abrocharse el cinturón” porque “si no hay para todos, a todos nos toca reducir”. No así entre los demás, me temo. Amiguitos, antes de que me pierdan los modales os volveré a ilustrar con datos. Según los propios medios, las ganancias de los 10 más ricos de la Bolsa subieron un 8% en 2011. Los salarios de quienes lo lograron con su trabajo no hicieron lo propio. ¿Cómo se puede tener la cara de decirnos a la capa productiva del sistema que, simplemente, “no hay”? ¿Cómo vamos a creérnoslo nosotros, que somos quienes lo tenemos en nuestras manos y lo vemos con nuestros propios ojos? Resulta ahora que nuestro trabajo es capaz no sólo de no generar un beneficio ¡sino que incluso supone pérdidas! Resulta que lo que antes hacían personas con muchos menos medios y le daba para alimentar a su familia y tributar, ahora, con el respaldo de una complejísima industria, no somos capaces de alcanzarlo, y debemos renunciar a toda dignidad por lo que podría pasar. Quizás la clave sea que jamás estarán dispuestos a reducir su rapiña del margen de beneficio, y entonces ya se hace mucho más fácil comprender que sólo queda restar de la otra parte: nuestra parte. Sé perfectamente hasta qué punto estoy simplificando y omitiendo factores como el reajuste entre oferta y demanda, la influencia de las agencias de calificación, la deuda, la incidencia de las economías emergentes y todo lo que sigue; tampoco creo que haga falta todo eso para entender que no es que no haya, sino que lo tienen ellos.

Lo más insultante de todo no es que prometiesen no hacerlo mientras estaban en campaña, porque todos sabíamos que las directrices de Europa iban a ser éstas y las iban a cumplir gustosamente, sino que intenten argumentarlo todo como “la forma de incentivar el empleo”. Lo que es peor, su verborrea se convierte en pseudo-psicología  -me enferma, no soy capaz de soportarla-: dicen los pedazos de carne que son Montoro y Báñez que la posibilidad del despido nos hará más eficientes. ¡Y también los porrazos y los fusiles en la nuca! Pero es que no les da para más a estos pobres bastardos, tan ocupados en averiguar la identidad de sus verdaderos padres. 

¿Qué van a saber estos que nunca han estado en nuestro lado del tablero? Ignoran que el miedo a ser despedido genera un estrés innecesario e insano que se traduce en cometer errores con más frecuencia y ver nubladas las capacidades de concentración e innovación. Es totalmente contraproducente. Un sueldo decente y unas perspectivas de estabilidad son un pasto mucho más agradable para el rebaño, pero en vez de eso optan por la manera estúpida de hacernos reaccionar: recortar y machacarnos. Así que mejor que se vayan preparando también ellos, porque lo que ayer era el rebaño manso puede encarnarse hoy en orgullosa jauría.




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miércoles, 15 de febrero de 2012


No hablamos de ella. A veces la nombramos de refilón, pero siempre dentro de otro tema. No hemos hecho un esfuerzo como sociedad para erradicarla jamás; de hecho, cuando ha habido intentos organizados la reacción ha sido siempre brutalmente desmedida.

Hace dos legislaturas, un grupo de personas se comprometieron a disolverla desde el gobierno. Pudieron pecar de algunos fallos de ejecución, y quizás hubo algún planteamiento endeble a mi parecer, pero en cualquier caso errores comprensibles y asumibles. En conjunto fue un proyecto ambicioso, quizás demasiado para este país de paletos, urracas y reptiles con sotana. 

Conforme han ido pasando los años, se ha formado una costra pútrida intentando ahogar un movimiento que tiene muchísimo rodaje y experiencia acumulados a este lado del mundo y que lucha por florecer al otro lado del Mediterráneo. Esta costra asquerosa ha contaminado no pocas cabecitas, de esas que tan poco necesitan para colapsarse, y se ha plantado como una defensa contra ideas de supremacía y control. Es mentira, son los perros de siempre defendiendo la mierda de siempre: SU supremacía y SU autoridad, su control. Hay escritores de renombre, políticos y empresarios que se enervan sólo de oír mencionar nada mínimamente relacionado con la desinfección necesaria y farfullan sobre irracionalidad, manipulación política, lavado de mentes, desviación y apocalipsis de los valores tradicionales.

Esta metástasis ha conseguido embarrar el camino de esos ideales. Ahora mismo hay un verdadero tabú sobre distintas palabras, que basta que sean pronunciadas para encender la histeria de personas que no se comportan como tales ni como tales merecerían ser tratadas. Esas palabras son IGUALDAD, PARIDAD, EQUIDAD, LIBERTAD. Llegados aquí habrá quien ya se haya espantado, estoy seguro, pero tampoco es que me importe. Estoy hablando de la carga cultural añadida que soporta día sí y día también más de la mitad de la población, aunque somos todos quienes perdemos. Sí, estoy hablando de la discriminación hacia la mujer, la hija desterrada de la Historia.

Son nuestras hermanas, nuestras madres, nuestras novias. Nuestras hijas, nuestras vecinas, nuestras compañeras, que no por ser “nuestras” pretendemos que nos pertenezcan. Hemos tenido que luchar juntos cada batalla para alcanzar los logros de nuestra sociedad, y mientras que el sacrificio ha sido compartido, el resultado siempre ha sido menos favorecedor para ellas. La democracia fue nuestra antes que suya, la independencia económica también. Hoy mismo te pueden estar pagando menos por el trabajo que haces como los demás por no haber nacido con cojones, ésa es nuestra realidad. Y mientras no la afrontemos seremos una sociedad enferma.



Sin embargo nunca se matizan muchos aspectos relacionados con la lucha los derechos de la mujer. El más importante de ellos es que feminismo no es “el machismo de las mujeres”. Machismo es dominación social, política, económica y cultural de los hombres sobre las mujeres, atendiendo además a una razón fortuita. Es sumisión de unas bajo el mando de otros. Feminismo es la defensa de una igualdad todavía ni remotamente alcanzada dentro de la diferencia artificialmente establecida entre los dos géneros –maldita sea, nadie está negando la otra diferencia surgida biológicamente dentro de una especie en la cual uno de los dos subtipos sexuales desarrolla la prole con el material genético de los dos y luego lo alimenta en sus primeros meses de vida, con la consiguiente adaptación hormonal y anatómica para posibilitar el desarrollo de uno de los embriones que más tiempo de desarrollo intrauterino necesita de entre todas las formas mamíferas de vida de este planeta, así como psicológica para el plus que supone en un ser de alta capacidad intelectual y cognitiva el ser consciente de que concibe, alberga y trae vida al mundo, para además luego seguir manteniendo un vínculo constante tras el parto, es decir: en aquello que hemos tenido a bien llamar “madre”, y por tanto potencialmente cualquier mujer-. 

El problema jamás ha sido que seamos distintos -o sí, pero solamente en lo que a psicología e interacción social y sentimental se refiere, conque no viene para nada al caso-, y querer creer que sí es tan absurdo como no aceptar que dos individuos, ya sean más altos o bajos, tengan un color de pelo u otro, unas características determinadas o lo que sea que los diferencie, siguen siendo iguales. Es la significación de la que hemos cargado nosotros las diferencias, nuestra enfermiza clasificación en valores positivos o negativos. Y es que nos creemos desarrollados cuando hemos sido incapaces de aceptar que somos iguales dentro de la diferencia, de la excepcionalidad de cada uno de nosotros que a muchos niveles nos hace únicos.

El problema, por tanto, es justo eso, y funciona exactamente igual para todos los demás tipos de discriminación. Las diferencias se marcan para que alguien salga beneficiado de ellas, es una característica innata del egoísmo humano que increíblemente parece seguir pasando desapercibida. De esta forma, ya de primeras, la mitad de la humanidad queda excluida de los círculos de poder y decisión, y a partir de ahí se continúa restando. El resultado de ese proceso es tan fácil de apreciar como pararse a ver el carácter actual del mundo que habitamos. ¿Ha extrañarnos que suceda en unas sociedades que casualmente tienen unas élites de poder económico y político enormemente distanciadas de las bases, sobre las que además ejercen presión para poder seguir manteniéndose en lo alto? La mujer está discriminada como lo está el inmigrante, el pobre o el currante. Solo que además la mujer puede ser también inmigrante, pobre o currante, y de hecho, lo es: el 70% de los pobres son en realidad las pobres. Sin embargo aún estoy esperando para ver un solo ejemplo de millonaria/o a quien se haya discriminado por sexo, por raza, por procedencia o religión.

Así que podemos confiar en que un buen día el mismo sistema que nos fagocita y vive a costa de la injusticia y de nuestra propia división interna decida igualar la situación; que rectifique en el camino que viene siguiendo desde sus inicios y que es su marca identificativa, que pierda su misma razón de ser para hacernos esa concesión gratuitamente. Eso no sucederá jamás. 

También podemos comprometernos por muy alto que sea el precio a pagar y decidir que hay que enterrar toda una historia de injusticia y vergüenza hasta poder declarar que las personas son iguales en posibilidades y derechos, en trabajo y en deberes. Que no os engañe nunca su discurso patriarcal: luchamos por valer lo mismo, y los únicos que siempre han pretendido valer más que el resto son quienes nos explotan. Todas nuestras luchas son realmente una sola; quien lo niegue tiene mucho que demostrar.

martes, 14 de febrero de 2012


Dice un rebelde sirio que desertó del bando oficial después de perder a su novia de 23 años: la mataron por participar en una manifestación contra el régimen. Ahora, tras abandonar su posición dentro del cuerpo de inteligencia, es un hombre más en las líneas revolucionarias. Se puede decir que de alguna forma ése ha sido el precio que ha pagado para replantearse la ética y la dignidad de su posición.

No nos llega ni una décima parte de la información de lo que está pasando en Siria. También es un hecho que esa proporción está sometida a la vergonzosa manipulación que debemos recordar de antemano al acceder a las noticias de las agencias internacionales de prensa –no hace tanto que EFE y Reuters nos hablaban de muertos por la artillería de Gadafi de los que luego no se ha vuelto a saber nada, porque ya había bombas de verdad sobre las ciudades libias-.  Recomponiendo las piezas se intuye que realmente hay una guerra civil tierra adentro de la costa mediterránea oriental, y las FCS se están bañando en la sangre de población civil. No me atrevo a decir nada sobre los rebeldes porque lo desconozco todo, aunque cada día les proporcionan tantos motivos como cadáveres para alzarse.

Siguiendo dos mil kilómetros en línea recta hacia el este, una patrulla norteamericana posa delante de una bandera cuyo significado luego asegurarían desconocer. Se desata la polémica cuando es identificada por la reconocible grafía de las Waffen SS, tropa de élite de la Alemania nazi que sirvió con escalofriante eficacia de brazo ejecutor para el exterminio de las minorías étnicas y disidencia política en toda la Europa ocupada y a la que, curiosamente, los antecesores de estos muchachos habían combatido entre el 44 y el 45. “Son Snipers Scouts –exploradores francotiradores-, de ahí la confusión con las iniciales”. Perfecto, cualquier día te tatúas una esvástica y pensabas que era un molinillo de viento.



Así que la indignación salta por el hecho de que los chavales no tenían un fondo adecuado para la foto. ¿Entonces qué es lo malo, que hagan lo que hacen o que se pueda identificar con algo distinto? Hombres como los que posan aquí masacraron a veinticuatro civiles desarmados en 2005 en Haditha, Irak, como represalia por la muerte de un compañero. A algunos los sacaron del coche para ejecutarlos. Otros eran niños. En términos globales son un cuarto de millón de muertos, más de un tercio de millón de heridos y mutilados y más de ocho millones de desplazados desde el comienzo de las últimas invasiones.

Si preguntas a cualquiera de los causantes del incidente, dirán que luchan por su deber y que el honor es lo primero. Si preguntas en sus hogares, te dirán que son héroes entregando su vida por un mundo cuya libertad está amenazada –y en eso no les falta razón-, orgullosos mártires de la democracia. Y la moral de quienes han bendecido este genocidio continuo sobre cada palmo del planeta se resiente cuando se les relaciona con el que tantas vidas segó a mediados de siglo.

No puedo evitar entonces asociarlo con el protagonista de la primera historia. ¿Qué es lo que necesitan los opresores, los mercenarios y ejecutores? ¿Sufrir la misma experiencia que el secreta sirio reconvertido? ¿Dónde quedó la razón cuando se enrolaron para servir a estos regímenes de la vergüenza?

El perpetuamiento de tanta devastación no deja de alimentarse de sus dos fuentes principales: la ignorancia de los hombres de a pie y la legitimidad adquirida por los poderes tras cada guerra. Y mientras tanto nosotros, ¿qué precio habremos de pagar para identificar la injusticia?


lunes, 13 de febrero de 2012


Recupero la carpeta de mi inseparable rock en inglés y se suceden las pistas. Salta, justo después de un magnífico Dio, una balada de The Who. Éxtasis musical a este lado de la pantalla.

Se lamenta Pete Townshend en esta preciosa canción de albergar unos sentimientos que tanto daño le hacen. “Mi amor es venganza, eso nunca es un regalo”. “Nadie sabe lo que es sentir estos sentimientos, y [por ello] te maldigo.” 

Retrocedería casi cuarenta años para decirle al bueno de Pete que se libre de lo que lo atormenta, que el amor es demasiado especial y a la vez lo suficientemente prescindible como para permitirle truncarse en odio. Se lo diría porque lo sé, porque todos hemos hecho odiarnos a alguien de quienes más nos querían, como también hemos podido sentir la oscura tentación de vengarnos cuando nos han alcanzado en lo más profundo del alma esos en quienes más hemos confiado. Pero tampoco creo que si pudiese oírme cambiase mucho su rabia porque –afortunadamente- si algo tiene esto es que no sirve de nada lo que te digan los demás cuando eres tú el que está dentro.

Se dicen muchas cosas sin sentido cuando nos quejamos del amor.  ¿Qué importa si  rompe la tranquilidad de la rutina? Peor es si le permitiste traspasar tu coraza y llega a aniquilar tu paz interior. ¿Ves la vida con otros ojos? Nunca se es plenamente consciente de la imprudencia que supone haber anulado el propio sentido crítico. No es tan rentable subirse la autoestima cuando puedes acabar por perderla completamente: incluso en el mejor de los casos se pueden dar muchas ocasiones para que algo la haga evaporarse. Todos nuestros complejos se pueden borrar como se pueden reforzar al hacer del otro nuestro examinador. Porque si hay algo que destruye relaciones  y amistades, es el juzgar.

Nos creemos con derecho de señalar. Nosotros, las personas, que nunca hacemos suficiente recuento de nuestros propios defectos -me rindo a Xhelazz cuando dice "dejé de contar ovejas para poder dormir y ahora cuento los defectos que me quiero corregir"-. Puedes elevar a tu compañero/a a un altar basado en impresiones del que luego derribarlo cuando no se acomode a lo que imaginaste, y tanto más arriba, mayor será el golpe. Puedes sentirte con la autoridad moral de hacer daño creyéndote bueno, por encima del bien y del mal, pero intocable si a la otra parte se le ocurre hacer lo mismo. Puedes castigar su improvisación a la vez que la rutina, faltar a la verdad, manipular su percepción, ocultar tus sentimientos, engañar, incluso poner en  contra de su propio entorno a quien debería ser el valor más preciado. Todos hemos visto de todo en este juego, incluso algunas cosas nos ha tocado vivirlas desde cualquiera de los lados. Puedes convertir lo vuestro en la infinita enumeración de lo que no ha hecho, de lo que hizo, de lo que hará; de lo que no hiciste, de lo que has hecho, de lo que podrías hacer. Si llegaste a ese punto sólo puedes reconducirlo todo a otro destino. 

Toca perdonar y esperar ser perdonado, no acumular agravios; quizás olvidar y caer en el olvido si es lo que se necesita, y no alimentar el odio. Si la razón recupera las riendas, todo se puede ver con otra perspectiva, y ya no es momento de albergar nada que atormente el interior, la fácil tranquilidad de lo cotidiano. Es algo que se infravalora tantas veces que acaba por parecer que no la necesitamos.

De todas formas sé que no puedo pretender que cada uno se aplique algo así. Para los que aun así prefieren el camino del rencor, tengo este otro consejo. Cuando no podáis apagar el resquemor por quien os haya hecho daño o hos haga sentir víctimas tras el choque entre dos personas, no le deseéis noches inacabables de insomnio ni dolor. Tampoco enfermedad o tragedias. No esperéis que las cosas le salgan mal en la vida, ni que le den la espalda. Deseadle tan sólo un amor que se le apodere y le cale muy adentro.