lunes, 10 de septiembre de 2012


Son imágenes que pertenecen a todo aquel que se digne a observarlas y a quien se sienta representado en ellas. Se traten de las calles de Roma o de Madrid, de Atenas o de Dublín, no dejan en ningún caso de plasmar el espíritu de esta estafa mal llamada "crisis". 

Carga policial frente a la sede del Ministerio de Trabajo italiano

Resultan habituales noticias así en los medios desde hace años. Se remontan a décadas, pero es evidente que la convulsión social se ha visto incrementada en el último lustro. Lo peor de todo es que sabemos que no van a dejar de repertirse, llegando incluso a inmunizar las retinas del espectador pasivo. Es cierto que cuanto más profunda se haga la brecha, más personas quedarán a este lado y sentirán de pronto la seguridad de que nadie les va a reclamar desde el otro; sin embargo, también lo es que no por ello se debe confiar en que la respuesta a tanta injusticia vaya a ser unánime. 

El observador optimista tenderá a pensar que el 1% (que no es tal, sino un 10% en realidad) necesariamente ha de quedarse solo y expuesto en caso de mantenernos en la misma dinámica durante mucho más tiempo, pero la experiencia nos recuerda cómo este sector es capaz de exprimir hasta el último aliento de los de casco y escudo en su defensa a vida o muerte del monopolio de la violencia. Hemos visto las calles de Grecia arder por la indignación de sus ciudadanos durante largos meses y años, y sin embargo sus fuerzas del orden no sólo persisten sino que se han hecho fuertes en los grupos parapoliciales de la ultraderecha, recabando incluso un creciente apoyo entre gente de la más humilde procedencia. ¿Qué nos hace pensar que será diferente en los demás países, si tampoco antes lo fue?

Trabajadores de Alcoa en las calles de Roma

Yo no creo que la policía sea el problema; no se trata del animal sino de la mano que lo azuza, lo sabemos todos. De lo que sí estoy convencido es de lo que representan: la venta de los derechos, de la dignidad y de la solidaridad con los demás trabajadores. Y éso, mal que nos pese, no es algo que venga impuesto por una placa: es la simple prueba de que no podemos contar con todos para cambiar nuestra sociedad. Como mínimo unos cuantos permanecerán semper fidelis a cualquier estructura de poder por tiránica que sea.




sábado, 25 de agosto de 2012


Pasamos tanto tiempo pidiendo y luchando por obtener que llegamos a olvidar lo que ya hemos conseguido. Con un profundo sentimiento de gratitud, y honrando a quienes con cada pequeño gesto se ganan los corazones, dejo que fluyan en Radio Hanoi...

...melodías que brotan del alma >> Wailing Souls



"The light struck the night,
and the morning come.
So I've got to stay awake,
to meet the rising sun."

miércoles, 15 de agosto de 2012



Cualquier ciudadano de a pie no encontraría mucho sentido a esta noticia: mariposas Zizeeria de la familia Lycaenidae nacen con las alas más pequeñas y los “ojos” y antenas con características poco comunes. Sin embargo no hace falta ser un científico para contener la respiración si se relaciona ésto con las palabras Fukushima, radiación y mutación.

Estos insectos han sido sujetos de pruebas para expertos de la universidad de Okinawa y las conclusiones son incluso peores de lo que uno imagina en un principio. Esas malformaciones que presentaban las mariposas son, desde que las adquirieron, hereditarias. Recibieron radiación del escape producido el año pasado cuando eran larvas, y su genoma fue alterado. La siguiente generación aumentó el porcentaje de especímenes mutados, y la siguiente todavía más. En números, se pasó de un 18% de la primera generación a un 34%, y luego a un 52%; a la manera de una película de ciencia-ficción, la tendencia mayoritaria va imponiéndose contra natura. Y todo esto partiendo del punto de que la opinión general de la comunidad científica es que los insectos resisten mejor que otras clases los efectos de la radiación.

La cuestión es que, fruto del amarillismo de la prensa y la inigualable amnesia de la sociedad, cuando algo es noticia absolutamente todos se posicionan de una u otra forma, y con el tiempo el tema queda relegado al pozo del olvido durante el tiempo que se tarde en sacarlo de nuevo en los medios. Es el archiconocido dicho de “lo que hoy es noticia, mañana, no”.

Con el asunto de las centrales nucleares, pues qué decir: tiene que petar de vez en cuando una central para que la opinión pública se encienda y se vuelva al paripé de siempre: se paralizan las obras de nuevas centrales, los candidatos presidenciales hablan con fuerzas renovadas de las energías limpia, se escriben decenas de cartas al director, editoriales y artículos y se pone el documental de Chernobyl; cuando deje de hablarse del tema, todo volverá a su curso. Así ha sido y así será.



Sin embargo, la naturaleza no perdona que nuestro modelo insostenible de sociedad tenga que jugar a la macabra ruleta del uranio para mantenerse en funcionamiento. No hace falta que llegue un estudio en pleno 2012 para decirnos lo que ya sabíamos: los escapes de radiación superan cualquier otro tipo de catástrofe. Por si se ignora, recuerdo que la radioactividad es un factor imprescindible para la vida, pero el transcurrir habitual en un planeta habitado por seres vivos es incompatible con la presencia masiva de elementos de este tipo liberados en plena superficie. Ahora; ¿cuántos de los que protestamos por la acción de las centrales nucleares somos plenamente conscientes de lo que significaría prescindir de ellas? Suena enormemente creíble hablar de energías renovables, pero lo cierto es que no tenemos ni de lejos la tecnología necesaria para cubrir nuestras actuales necesidades a base de éstas, prescindiendo totalmente de las nucleares. Por tanto ¿cuántos ciudadanos están verdaderamente dispuestos a modificar sustancialmente su forma de vida a cambio de cerrar esos dichosos inventos? Me contesto a mí mismo: muchos, sin duda muchísimos menos de los que con tanta alegría los critican cuando son noticia.

Por lo tanto no es difícil dejarse llevar por el pesimismo y pensar que, como todo, nos enteraremos de lo verdaderamente jodido que es el tema cuando a alguna de nuestras ocho centrales activas le dé por hacer “boum”, o las de nuestros vecinos, o en definitiva cualquiera de las 250 que existen y más tarde o más temprano es seguro que nos afectaría. Todo está bajo control hasta que deja de estarlo, y es lo que pasó en Fukushima como en Chernobyl y como en todos los demás ejemplos que sucedieron como los que están por llegar. Si no nos replanteamos claramente la frivolidad de pasar calor en invierno y frío en verano, utilizar un coche por persona, producir y consumir varias veces la cantidad real de trastos que necesitamos para vivir sobradamente cómodos… entonces es seguro que volverá a suceder. No es sólo decirle NO a las nucleares, es plantarse ante el derroche consumista en el que vivimos. No hace falta volver a la prehistoria: con gestos sencillos se comienza.



Y si normalmente en nuestras plácidas vidas tenemos tiempo libre como para gastar en mil tonterías, en un mes como éste ya no hay escusa para dedicarle catorce minutos al vídeo que dejo. Es un hombre francés que vive en Japón; lo graba el año pasado al poco de suceder el escape y no le falta tiempo para dar un repaso increíble a todas las majaderías que tranquilamente hemos aceptado. Vale realmente la pena.


domingo, 12 de agosto de 2012


Acostumbrado a escribir sobre política y sociedad, dejo siempre apartada la literatura para mi propio disgusto. Hoy me limpio un poco esa mancha con fantasía, ficción que sirve para liberarse de una realidad insistentemente irónica y ácida. Dice Zatu(1) que escribe porque está herido; en cambio, si yo lo hago ahora es precisamente porque me he quitado una espina concreta. Y es que, coño, confiar en la conciencia ajena no siempre tiene que ser en vano. Con poca sutileza pero unas ganas irrefrenables, ahí va un fragmento:


Entrecerró los ojos con un leve sentimiento de repulsa al ver a la inesperada comitiva atravesando las puertas. En silencio, temerosos, caminaban con el peso de la culpa y de la duda presionando sobre sus cabezas y haciendo que se inclinasen. Contuvo su instinto inicial y dejó que hablasen. 

-Mi señor –las nerviosas manos se retorcían-, sabéis que siempre os fuimos fieles.- Él callaba sin dejar de observar esas figuras temblorosas-. Hemos acudido únicamente con la intención de arreglar aquello. Si nuestra forma de actuar no fue correcta es por la ignorancia que padecíamos entonces. No sabíamos que os podía molestar.-
 Se detuvo a mirar a su interlocutor, casi sorprendido. El respeto reforzado hacía de pronto maravillas de cara al pabellón de viejos conocidos. Las miradas no desafiaban ya nunca, sino que se mantenían bajas; las palabras eran elegidas con cuidado y el tono se  controlaba con mucho mimo. Habrían sido estúpidos de confiar en la desmemoria de quien ahora les escuchaba. Él se aclaró la voz pausadamente para responder con tanta calma como seguridad.
-He de suponer que, igual que los demás, la lealtad la otorgas en base a lo que consideras oportuno en ese momento, que curiosamente suelen ser los de más calma. Me resulta molesto tener que aclarar que, aunque lo ignores, aquello que implica es un respaldo incondicional, innegociable. Si no es así, podemos llamarlo interés o entretenimiento, pero nunca considerar eso como la verdadera amistad.
Los ojos que le miraban mezclaban pena con cierta incertidumbre que no tardó en ser expresada-. Pero debéis entender que era difícil elegir, que no teníamos idea de que...
-¿De qué, exactamente?-su voz no temblaba al dirigírsele- ¿De que habéis fallado a la única responsabilidad que se os pedía? ¿Ignorabas que negociar y convivir con quienes se han querido convertir en mis enemigos es sinónimo de traición? ¿Que dañar lo que es mío es como hacérmelo a mi mismo? Jamás he pedido nada que no haya dado yo a quienes me rodean. Si es falso, que me traigan una sola persona capaz de demostrar que no he sido fiel y leal a quienes he llamado amigos hasta igualarme a un perro que bajo este portón pasase, y me callaré. Pero por los muertos que me reclaman… hasta entonces no atenderé a otra razón.- No esperó respuesta para continuar hablando.
-Ahora me regocija miraros a los ojos en la desprotección del uno a uno. A vosotros, los que habéis desatendido los más mínimos pilares de la fidelidad, a los que me retiráis la mirada y balbuceáis con la esperanza de que no me haya fijado en vosotros, o a los que teméis, más que a mí, que nunca he sido cruel, la verdadera carga que la culpa os impone. Seréis sólo unos pocos, pero el daño que vuestra cobardía me pudo hacer no se desvanece con el miedo que demostráis de nuevo.
Se detuvo por un momento, como cavilando, y retomó la palabra-. Qué demonios, lo que quiero es que os miréis hacia adentro y por primera vez en vuestra vida seáis conscientes de la podredumbre que os devora. Ya no cargo más con esa rabia, os la dejo a vosotros para que lidiéis con ella. ¡Pero no queráis convencerme de que soy yo quien ha malinterpretado los valores! La lealtad sólo tiene un nombre, y un único significado. Si no estabais preparados para defender su causa, no culpéis a quien sí lo hace. Yo tengo el alivio de que lo mismo que me quita el aliento durante todos los días es lo que me permite dormir por las noches, y es precisamente procurar que mis actos agraden a mi conciencia.

El silencio que siguió a sus palabras no ocultaba la satisfacción de ver al tiempo devolviendo las cosas a su lugar. Fuese o no el paladín de la justicia que siempre pretendió, no había dejado de sentir el honor resonando con su voz.

Pasaron las horas. La noche se extinguía y él seguía insomne, esperando ver los primeros destellos de luz en las nubes. Recostado en el muro se entretenía viendo cómo el viento las manejaba a su antojo cuando una voz interrumpió sus reflexiones.
-Señor, ¿tanto añoráis la guerra que en tiempos de paz no conciliáis el sueño?
La pregunta le pilló de sorpresa, pero no del todo. Contestó sin alterar el rostro-. No es así pese a que lo pienses, pero algo de razón hay en tus palabras. El riesgo que tiene el poder es que desata la ambición, y no hay paz duradera con ella. Reconozco que incluso me he sorprendido a mí mismo anhelando esgrimirlo en favor de lo que creo justo por coste que tenga para el mundo. Pero, sabes... el tiempo me enseña que mis logros me los concede él, que a él me debo. Por eso yo no corro hacia la guerra, pero me preparo cada día para ella.
-Ignoráis entonces la tranquilidad en la que viven otros como vos.
-Eso es completamente falso. Es ella la que me ha permitido prevalecer en ocasiones anteriores, cuando más falta me hacía.
-Entonces no insistiré, pero ciertamente es una lástima que le neguéis a la rabia de una forma tan descarada su mérito.
Por un momento, calló sin saber qué contestar. Se giró para encararla, pero ella ya se había ido. Volviendo nuevamente la mirada al frente, susurró para sus adentros-.<<Cada uno encuentra la motivación que necesita donde puede... yo sólo he tenido que orientarla correctamente>>.- Acusando por primera vez el cansancio, se incorporó y volvió al interior del edificio.



(1) cito: "Yo debuto de cara a un público anticompasivo, y hace tiempo que escribo para mostrar que estoy herido..." (A dónde van, SFDK -Odisea en el lodo-)




domingo, 5 de agosto de 2012



Las culturas nos enseñaron a despreciarlo y temerlo. La civilización se ha configurado y presentado como el oasis de luz ante el océano de tinieblas que es el caos. El ser humano, que se teme a sí mismo tanto como a lo que lo rodea,  ve que el orden es su salvación como individuo y como especie.

Cuando el planeta era joven, y las junglas más frondosas que pueda abarcar la imaginación lo cubrían en casi toda su extensión, tarde o temprano aparecían incendios que arrasaban  centenares de miles de hectáreas sin control durante semanas y reconfiguraban su faz a una escala colosal. Desde nuestra limitada perspectiva es lo más horrible que podría suceder, y sin embargo ese fenómeno era tan necesario como lo que más. Era imprescindible el fuego que purificase y devolviese la armonía al ecosistema; sin él, la vida habría acabado consumiéndose a sí misma. Ese estallido de caos garantizaba el orden, y ese orden quedaba establecido hasta que surgía nuevamente el caos. Es por tanto una equivocación definirlos como si se tratasen de un elemento  bueno y uno malo: ambos son iguales y se alternan necesariamente para hacer posible la existencia.

He visto muchas veces la felicidad escapando de entre mis manos cuando he pretendido retenerla imponiendo un orden. Siempre se resistía, independientemente de la forma en la que dispusiese los factores. Así aprendí que el orden no garantizaba el bienestar, porque no guardaba equilibrio alguno con él, y tuve que demoler mis obsoletos prejuicios. El caos era el contrapunto que había faltado durante mucho tiempo. Se tiende a identificar el caos con el desorden y no hay nada más erróneo: el caos es el orden natural de las cosas, que es por lo que resulta impredecible. Impredecible no significa absurdo, ni aleatorio: es metódicamente exacto. Lo único que sucede con él es que escapa a nuestra percepción, y tememos aquello a lo que no podemos adelantarnos.

Así que abrazarlo no consiste en renunciar a las enseñanzas del orden, olvidar los proyectos de nuestra propia vida y abandonarse a la espiral de la fortuna. Lo que se necesita es integrarlo como eje del movimiento, convirtiéndose en un elemento ya no temible sino de constante emoción. Es dejar de ser un esclavo del orden para pasar a ser un agente del caos. Es trabajar conjuntamente con el único verdaderamente justo de los dos, y aprender a combinar la planificación con la improvisación a la que nos obliga.

Cuando lo has asumido en su justa medida como parte de un todo, los engranajes giran de pronto en direcciones insospechadas pero sorprendentemente lógicas. Ya no tiene sentido forzarlos, siguen el curso correcto e inevitablemente inspirador. Mientras dejo modelar mi voluntad por sus sabias manos sólo me queda agradecerle lo bueno y malo que está por llegar.

Esta tarde retumba en Radio Hanoi...

... música para acelerar el pulso >> Némesis





domingo, 29 de julio de 2012


Quien toma el poder sabe que no será para siempre, y depende totalmente de su categoría moral para frenar el instinto que le empuja a quererlo para sí; pero cuando ese alguien entiende que lo correcto es permanecer en él, no hay nada que le impida utilizarlo plenamente para construir su propia versión de la sociedad y, sobretodo, arrasar con las demás sintiéndose totalmente legitimado.

Nuestra Historia nos recuerda el amargor de los de Dios, Patria y Rey, de los Cruzados y de los Mártires por España. Los fundamentalistas son viejos conocidos, tanto que no ha habido todavía gobierno o sistema que no los haya tenido en cuenta. Eso, claro, cuando no han sido ellos mismos quienes directamente mandaban; cambiando las formas, gobiernan hoy como hace cincuenta, cien o doscientos años. 

Es un error hablar de ellos como “fascistas” sin hacer distinción. Su legado es muchísimo más lejano que el del reciente siglo XX. La base moral sobre la que han elaborado el nuevo capitalismo, y antes la dictadura, y antes la monarquía absoluta, no ha variado en todos estos siglos: son los conservadores, los reaccionarios, los temerosos de Dios y del pueblo y enemigos declarados del progreso cultural. Son la lacra de siempre adaptándose una y otra vez con muchísima más eficacia que nosotros a los tiempos.



Claro que no condenan el fascismo que se les inculcó en su infancia acomodada y desde luego no dudarían en posicionarse si fuese posible volver a nuestra última guerra civil, pero las bondades del libre mercado les permiten no sólo seguir pudriéndose de dinero sino además lavarse la cara ante la sociedad; sin embargo no por ello van a renunciar a su dogma religioso, espina dorsal de su ideología supremacista. Cuando estos periodistas, senadores, jueces, presidentes y empresarios se acuestan necesitan tener esa tranquilidad de conciencia que les permita arremeter mañana con fuerzas renovadas contra la igualdad y la decencia humana, contra la dignidad de las mujeres y los derechos de los trabajadores, contra la libertad de las gentes de las que se lucran y que jamás podrán observar como a iguales. ¿No quiere Dios que haya pobres? ¿Acaso no premia al más audaz cubriéndolo de dinero y poder? Esta mierda andante que colapsa nuestras vidas y exprime nuestro esfuerzo diario no sería capaz de cargar con la culpa de verse en lo alto de la pirámide, y por tanto necesita empequeñecerse en su imaginación ante una omnipresencia moral que permite que nuestra realidad sea ésta. 

El riesgo que conlleva su estancia en el poder es que no se limitan a hacer dinero como en un negocio con fecha límite: es un error a mi modo de ver protestar contra ellos como si se tratase de esto. No, el verdadero peligro es que embarran los engranajes de la sociedad y liberan sobre ella su poso ideológico, y ésta propaganda cala durante mucho más tiempo del que duran una o dos legislaturas. Tiene un efecto tan comprobable como que siguen ganando elecciones y recabando el apoyo de millones de las personas que sufren sus injusticias, y que se permite verlos tratándose a sí mismos como mártires de la libertad de expresión y víctimas del sectarismo, pero sobretodo que no se pueda desafiar su poder sin contar con un respaldo total de la sociedad. Nuestra gran derrota es que se equiparen nuestros modos de entender la política con su canibalismo social sin que absolutamente nadie se alarme.


Ellos comulgan para poder dormir y se miran ante el espejo de la jerarquía católica para ver lo que desean con todas sus fuerzas: que son buenos, y por tanto nosotros no, y que nunca se equivocarán si Dios va a estar siempre de su parte. Rezan para no oir la voz de la justicia, se santiguan para invocar la protección que la decencia les niega y aun con todo pretenden darnos lecciones a los demás.


Nota: actualizo con el reconocimiento que el gobierno ha otorgado al nieto del general golpista Queipo de Llano, conocido por el fervor con el que llamaba a la violación de las mujeres del bando republicano y el asesinato indiscriminado de sus miembros. Se ha encargado de mantenerle el privilegio nobiliar el mismo ministro que pretende obligar a nacer a personas con malformaciones para luego castrarlas químicamente. Es la lógica de la irracionalidad; la hipocresía descarnada en su máximo esplendor.



viernes, 20 de julio de 2012


Seis meses y veinticinco entradas. 

Radio Hanoi es la libreta donde apunto las ideas y el altavoz por el que las expreso. Es la conciencia de lo político junto al compromiso de lo social. Es una fusta para los dogmáticos que envenenan la izquierda y un fusil apuntando a la hipocresía de la derecha: sé que no haré muchos amigos nuevos si es por este medio como tampoco negaré que esta ácida sinceridad me incita a continuar por esta línea.

Será así mientras tenga a bien dedicar los no pocos ratos que me lleva cada fragmento que escribo a cargar las tintas contra todo aquello que me avergüenza y causa aprensión en la sociedad, y antes lo cierro que cambiar esto. Publicar aquí es para mí como salir a correr: si no lo hago me siento como un jodido objeto inerte, un mueble más en la casa o una sombra en la calle. Tanta falta hace que fluyan las palabras como la sangre para mantenerse activo.

De entre las veinticinco entradas no podría destacar una sola, porque como pasa siempre estaría dejando aparte muchas de las que más han aportado; sin embargo, es cierto que no puedo evitar decantarme un poco por algunas: 23 de febrero, 8 de marzo y 8 de junio son buenos ejemplos.




Pienso seguir alternando igual que hasta ahora buena música, denuncia y reflexión en el orden que mejor me parezca. No voy a rebajar lo más mínimo el tono contra el machismo, la avaricia, el racismo, la opresión y la mentira. Por supuesto no faltará sitio para algo de cine e historia: no tardaré mucho en meter al menos una cuña cargada con un poco de pasado…  y todo esto sin saber si continuaré después de septiembre, así que aún tengo más motivos para ser muy selectivo.

Lo que no puede faltar hoy es decir que a ti, que sintonizas esto desde cualquier parte del mundo, gracias por seguir leyéndome. Y haciendo honor a su nombre, esta tarde, en Radio Hanoi… 

"An army of pigs try to silence my style...
Off em all out that box, it's my radio dial.

Lights out: Guerrilla Radio!"



viernes, 13 de julio de 2012


El lenguaje que usamos dice tanto de nosotros como el discurso que elaboramos con él. Es posible conocer más cosas de mí mismo atendiendo al que uso yo que por mucho de lo que digo y es así con todos nosotros, tanto más cuando hablamos de política. Quizás cuando empezó a interesarme esto, con quince o dieciséis años, tenía mis dudas al respecto: oyendo hablar a muchos compañeros y personajes de distintas ideologías utilizar repetidamente las mismas palabras lo más lógico habría sido acabar por utilizarlas yo mismo. A día de hoy todavía pienso que habría sido un completo error.

Sin demasiados rodeos pretendo decir que yo no creo en la distinción en clases. Evidentemente lo digo con muchísimos matices y pensando exclusivamente en la España del siglo XXI, pero no es algo que ya se de por hecho. Aquí seguimos utilizando conceptos e ideas que se han ido alejando con el paso del tiempo del contexto histórico en el que encontraban su significado, y eso no nos hace ningún favor. Hay categorías que siguen siendo útiles porque hablan de elementos comunes a la sociedad, a las comunidades humanas, pero otras me suenan ridículas pronunciadas ciento cincuenta años después de su tiempo.

¿Cómo puede ser que en todo este tiempo nunca ninguno de los que utilizan ese lenguaje haya podido definir el significado de la actual clase media? Es tan simple como que ahora existe una única variable sobre la que clasificar: la renta. Las nuevas sociedades no se pueden encorsetar en los viejos esquemas, y seguir hablando de burguesía y obreros en un país construido sobre el sector servicios es como intentar describir colores en lenguaje de signos. Quizás en el caso de China o India se pueda hablar así con precisión, pero no aquí. Ya no, ni desde hace mucho.

Ante el enfado del que lleva todos sus años de militancia repitiendo el mismo vocabulario, puedo contestar preguntando: Si es la propiedad lo que hace la diferencia, ¿acaso no es infinitamente más “proletario” el arquitecto que al fin y al cabo trabaja para otros que el propietario de un pequeño negocio de barrio? ¿En qué lugar de la escala se encuentra un abogado, que ha pasado de ser la profesión de cuatro liberales de la España de los afrancesados a la salida de muchos que no saben muy bien qué carrera les apetece menos?

Porque si empezamos a quitar a los que tienen estudios superiores, o son autónomos, o pequeños empresarios, o profesionales liberales, o funcionarios, o pertenecen a un sector subvencionado, entonces nos quedamos con la más pequeña clase obrera para el mayor número de habitantes que jamás ha tenido este país. E incluso dentro de ese grupo habría que atreverse a preguntar a no pocos de sus componentes por qué respaldaron en pueblos y ciudades de todo el territorio al partido político que con más saña les está devorando sus derechos, porque si algo está claro es que no eran exclusivamente de ricachones y grandes empresarios los once millones de votos que le dieron la mayoría absoluta.

Y apartándome ya de las carencias del concepto, hasta que la crisis no hizo aparición hemos sido la gran clase media –y que no la llamen burguesía, porque ésa es una palabra con unas connotaciones muy específicas que no se corresponden ni de lejos con la actualidad-, el grueso poblacional de este país. No hay cifras que marquen claramente dónde quedan los límites; se trata más bien de una forma de vida. El que cobra salario mínimo como el mileurista, igual que el que percibe dos mil euros al mes o algo más: tanto las costumbres como las aspiraciones son exactamente idénticas para cada uno. ¿No lo son?: Todos ellos tienen una televisión como mínimo en su casa. Todos buscan demostrar cierto estatus comprando determinadas marcas y haciendo exhibición de ellas. Se van de vacaciones a destinos más o menos lejanos y se permiten caprichos con más o menos frecuencia, pero ninguno dirá nunca que gana más dinero del que necesita. No existe clase obrera desde el momento en el que ésta entendió que podía pasar a ser clase media;  ése fue el gran éxito del consumismo. Así que no se puede seguir hablando como si la mayor parte de la población se sintiese parte de un proletariado que alimenta la maquinaria de un puñado de patrones y terratenientes: la forma y complejidad de esta sociedad no tiene un equivalente anterior y pocos de quienes la conforman se identifican aún con la estructura que había a comienzos del siglo pasado.

Por eso la derecha mantiene una capa de votantes fija que no son más que personas temerosas de perder sus privilegios, por pocos que sean, con cualquier cambio que inevitablemente conlleva el progreso, y están tan enraizados el racismo y el machismo que no son sino fruto del mismo miedo del conservador. Por eso el discurso que se elabora hace referencia a los ciudadanos como queriendo igualar nominalmente a trabajadores y élites. Por eso estamos abocados no a volver a ser la clase trabajadora -que es pese a todo lo que siempre hemos sido, los currantes- sino a perpetuarnos en la pobre clase media que seguirá a esta crisis, la eterna frustrada del sueño capitalista, la última barrera antes de la indigencia. Distinto lenguaje para nuevas formas de subordinación.



miércoles, 4 de julio de 2012


Tardo unos días en volver y además para algo que ni siquiera he escrito yo, pero tengo excusa. Hoy traigo un texto que muy amablemente me linkearon para tratar este tema: es la no tan inocente saturación de espacios en los informativos con la cantinela de cada santo año de que en verano hace calor y, en invierno, adivinadlo: ¡frío! No perderé tiempo repitiendo lo que ya explica aquí su autora, Beatriz Gimeno; desde el principio hasta el final estoy de acuerdo en todo lo que se dice.

"Progresivamente la información sobre el clima va copando más y más tiempo en los informativos. Entre el deporte y el clima pueden llegar a ocupar más de un tercio del tiempo del telediario. Si estamos en invierno la noticia es que hace frío y si estamos en verano que hace calor. Al calor del verano se le llama ya siempre “ola de calor” y lo mismo al frío invernal. No importa que en España, por ejemplo, haga ahora mucho menos frío del que hacía hace años, en cuanto nieva un poquito, lo llaman “ola de frío” y hacen de ello una noticia. Siempre es el día más frío o el más caluroso de las últimas décadas.

Cada vez que se da la noticia de que es julio y en Sevilla hace mucho calor, los telediarios entrevistan a unos supuestos expertos que, muy serios,  te dan los consejos necesarios para sobrevivir: ponerse a la sombra, beber mucha agua, darse crema solar. Para el invierno los expertos nos aconsejan llevar el móvil cargado, gasolina bastante por si te coge una ventisca y abrigarse mucho. Como nadie es completamente inmune a la manipulación informativa, la consecuencia es que la gente habla constantemente del clima y le parece, por ejemplo, que hace un frío horrible cuando hace menos de diez grados en invierno y un calor espantoso cuando hace más de treinta en verano. Se nos ha inoculado la idea de que tenemos que vivir a 25 grados. No aguantamos ni menos ni más y se abre un enorme mercado de todo tipo de aparatos para mantenernos a esa temperatura. Aparatos que son costosos, que contaminan y gastan energía. Si entras en una casa sevillana construida hace siglos, verás lo barato que puede resultar mantener una temperatura soportable sin hacer nada más que un gasto: el de una buena y ecológica construcción. Pero de eso no se habla, claro.

La infomración que se nos da es un ejemplo de la espectacularización de lo banal que afecta a todas las noticias y de la conversión en importante de asuntos que no lo son,  de manera que lo verdaderamente importante no sea nunca noticia. Así, un asunto en principio nada importante (en verano hace calor, en España mucho calor; en invierno hace frío) predecible y que no afecta para nada a nuestras vidas reales, parece la verdadera información y se hace pasar por fundamental, se consigue que todo el mundo hable de ello y que se preocupe. Al mismo tiempo, las autoridades que parecen “ocuparse” de esto con eficiencia consiguen parecer competentes y preocupadas por el bienestar de la ciudadanía. Este asunto permite que las autoridades aparezcan en los medios explicando que ante la nevada que viene tienen preparado una flora de camiones con sal , por ejemplo, y así parecen el colmo de la eficiencia y de la preocupación social. La población se queda más tranquila y confiada cuando ve que las autoridades se hacen con las riendas del problema. En realidad no había problema o es el más pequeño de nuestros verdaderos problemas. 

Dicho esto, sí, tenemos un enorme problema con el clima, pero no el problema que nos quieren hacer creer. El clima está cambiando y hace más calor que antes. De media esto es cierto, aunque en el día a día quizá no sea tan percibible ni afecte fundamentalmente a nuestras vidas cotidianas todavía, a las vidas de los españoles/as. Pero ese cambio sí afecta al planeta, a las cosechas, a las enfermedades, a la pobreza, a los desastres naturales que también afectan a los más pobres, a la justicia social, la crisis del agua que viene etc.  Es ahí donde el clima tiene mucha importancia y dónde podemos apreciar los efectos demoledores del cambio. Pero…eso no es noticia.

Se nos dice que hace mucho calor incluso cuando hace un calor normal; y se nos dice que bebamos agua, pero jamás se menciona que hace mucho calor porque no hay árboles, porque se construye mal y sin tener en cuenta el clima, porque se usa el aire acondicionado indiscriminada y enloquecidamente, porque la contaminación eleva los grados de las ciudades y, sobre todo, porque el clima está cambiando debido a la contaminación producida por la acción humana. En la televisión no salen nunca los recortes que se están haciendo en Medio Ambiente, en prevención de incendios, ni las consecuencias de la construcción desenfrenada en la costa, ni la contaminación de los ríos, ni las consecuencias del desarrollismo, de las subvenciones a los combustibles fósiles etc., eso jamás es noticia. Ni salen nunca verdaderos expertos/as en medio ambiente, en cambio climático o en ecologismo. La información climática que se nos ofrece no es política, es banal, es información vacía.

Cuando sale la tonta información del tiempo en el telediario parece que todo se reduce a poner más alto el aire acondicionado y beber mucha agua. Tras la banalización absoluta no hay nada político ni siquiera real. No va a ser poniéndonos a la sombra cómo detengamos el cambio climático que no consiste en que hace un poco más de calor, sino que se trata de un desastre de tal magnitud que la propia vida humana sobre el planeta queda comprometida. La banalización informativa sobre el clima no es más que un aspecto más de la manipulación a la que nos vemos sometidos día a día. La verdadera información climática se nos está hurtando."


El artículo lo expone en su blog: http://beatrizgimeno.es/2012/07/02/red-ecofeminista-el-timo-de-la-informacion-sobre-el-clima/




jueves, 21 de junio de 2012


Carlos Taibo y Raimundo Viejo no son de los que se callan. Supongo que años de teorización política, ensoñación filosófica y relajada rutina les permiten diseccionar e interpretar, confundir y denostar como les da la gana. Bueno, es lo que llamamos libertad de expresión.

Está muy bien aportar visión crítica como lo hacen ellos a las labores del trabajador industrial, el currante, el obrero en pleno sentido decimonónico de la expresión. No estaría de más aportar ya de paso alternativas cuando el primero de ellos critica el desgaste ecológico que supone la minería, por ejemplo, pero a estas alturas es realmente moderno plantarse en lo absurdamente extremo y claro, picar carbón, como talar un árbol, como construir una escuela, no dejan de ser formas de deteriorar el medio ambiente. Digo yo que encantados aceptarían los mineros un trabajo digno a la vez que ecosostenible, pero que se sepa protestan precisamente porque no se les ofrece salida alguna del barco que desde el poder les están hundiendo; sin embargo, ahí ya no se digna a adentrarse. Después se sorprenden cuando la ecología en su conjunto se muestra tan fácilmente criticable.

Lo que ya no veo tan bien es delirar como lo hace Raimundo y le aplaude su admirador Carlos al entrar en el tema de la acción. “Estudiantes e indignados, contrariamente a esa flipada de los mineros que rula por la red, no sólo consiguieron echar a los mossos de Plaça Catalunya; lo hicieron, además, sin necesidad de cohetes, dinamita, capuchas, ni toda la parafernalia: puro aikido de la multitud”.  

O vivimos en mundos paralelos o no fueron precisamente los mossos quienes salieron a patadas de dicha plaza. De hecho, creo recordar que la cantidad de hostias que se comieron los que ahí estaban fue de antología, o al menos eso fue lo que denunciaron tanto ellos como nosotros. Parece que por “aikido de la multitud” -expresión bastante "flipada", ya que estamos- el bueno de Raimundo entiende llevarse palos rodeado de otros tantos y que entre tres maromos te chafen la cara con la rodilla y te asfixien mientras te retuercen las muñecas, y aún te caigan algunos porrazos de propina. Bravo por el aikido de la multitud, llevando a quien lo practica al paraíso del placer mediante el dolor. Pura doctrina sadomaso.


Fuerzas del orden bloqueadas ante el sereno pacifismo indignado

Dinamita, capuchas y parafernalia han podido, le pese a quien le pese, mantener bastante más alejados a los guardianes del sistema, concretamente a la distancia máxima de alcance de esos graciosos lanzacohetes improvisados, pero el autor prefiere no profundizar tampoco en este punto. Ignora el significado que tiene que un grupo de trabajadores se organice y ponga en jaque a esas fuerzas ahora como hace ochenta años, que si quisieran frenarlos tendrían que sacar al ejército a pegar tiros justo como pasaba entonces. La heróica y casi divina resistencia pasiva de los indignados está a años luz de lograr, cuanto menos, evitar que les rompan la cara a golpes; pero claro, agitar las manos desnudas es tan jodidamente simbólico que bien vale la pena protagonizar unas cuantas fotos en los medios. A pesar de todo, las plazas –lugares de vital importancia productiva y enorme valor simbólico para el capitalismo, según parece- se ven bastante vacías tanto hoy como hace unos meses.

Pero es lo que hay: a quienes inexplicablemente les arde la lengua pronunciando la palabra trabajador les jode que los rescoldos de la lucha obrera todavía se agiten. Es mejor unir a todos los ciudadanos –gente con iguales derechos políticos, que no económicos ¡bien por estos genios anticapitalistas que no cuestionan el capitalismo!- y llenar de simbolismo, poesía y estados de facebook el mundo virtual. 

Ojalá pudiesen entender que los mineros, tanto con su trabajo concreto sacando carbón como con su respuesta y organización son muchísimo más que simples peones pidiendo trabajo. Son un símbolo, es así de sencillo.

Son un símbolo histórico para el trabajador que sólo ha conocido un mundo industrial. Históricamente, el último reducto contra las prácticas del capitalismo que los oprimía tanto como los necesitaba para alimentar sus máquinas. Su movilización ha resucitado movimientos que parecían condenados al fracaso; su increíble forma de actuar ha inspirado a sectores enteros de la población que estaban alejados de la lucha social y callejera. Son, por más motivos que nadie, la fuerza de trabajo alzada frente al beneficio de unos pocos. Y qué decir a los que critican que se subvencionen determinados sectores de la industria: no os quepa la menor duda de que todo se puede conseguir más barato, sobretodo cuando la mano de obra es esclava como en el Tercer Mundo. Nunca puede perjudicarnos disponer de agricultura o minería propias con las que autoabastecernos y crear puestos de trabajo, aunque los patriotas olviden sus argumentos cuando de obreros reivindicando se trata.

Por lo tanto, cuando quiera revolucionar el twitter no dudaré en apostar por la resistencia nula que defienden entre otros estos dos intrépidos revolucionarios de sillón, aventureros de la tienda de campaña -mientras la temperatura oscile entre los 22 y 32 grados-. La #spanishrevolution debe de estar ardiendo ahora mismo por lo que cuentan en sus blogs, si bien no se ve más humo que el de las barricadas de Asturias. Qué menos que no atreverse a ridiculizar a quienes han optado por una resistencia física, activa y directa.




Artículo de Carlos Taibo: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=151663
Web de Raimundo viejo: http://raimundoviejovinhas.blogspot.com.es/

 

jueves, 14 de junio de 2012


Esas veces en las que lo incomprensible se impone a lo razonable, el silencio se muestra como la mejor opción tras la que resguardarse. Esta noche nos deleita en Radio Hanoi...



música por el placer de la música >>  Encore



viernes, 8 de junio de 2012


No es extraño, ni mucho menos, escuchar justificaciones de lo injustificable. Una blanda existencia en un sistema cómodo llega a a disolver cualquier indicio de claridad en el pensamiento de los individuos más débiles y pasivos, hasta el punto en que son incapaces de apreciar la realidad y las consecuencias de su desconocimiento.

Estas personas critican que se rechace cualquier opción política, con la falsa creencia de que la simple capacidad de hablar otorga per se respetabilidad al mensaje de una persona. No es de un carácter tolerante ni bondadoso aceptar en el seno de la vida política las semillas del odio. No se puede respetar al que no respeta ni escuchar a quien pretende acallar las demás voces.  No es demócrata, o progresista; ni siquiera es aceptable. Por simple y llana cuestión de supervivencia, si jugamos a ser corderos no se puede dejar participar al lobo.

Con el cerebro ablandado por la abundancia y la facilidad en sus vidas hablan desde la ignorancia más atrevida y repugnante: todas las opiniones son igual de respetables, se hayan razonado o no, estén basadas en ideas mínimamente complejas o en mentiras toscamente levantadas. Completamente ciegos a la propia realidad de la Historia, con su querer quedar bien insultan a la conciencia y los razonamientos de millones de personas que dedican esfuerzo a analizar y comprender lo que les rodea. Desde su interesada desinformación son cómplices de la atrocidad y la tiranía. Su opinión vale lo mismo que la de un fundamentalista o un analfabeto; no se puede olvidar jamás que su dialéctica simplona y vacua es el pasto del que se alimentan las llamas del terror.

Pero así los ha hecho su pasividad y su pereza intelectual, pretendiendo parecer todo un ejemplo de tolerancia por hacerle el juego al intolerante. ¿Por qué sólo entran en razón cuando son víctimas de su ignorancia? Son un peligro casi tan grande como el propio depredador de la libertad, porque bajo la máscara de la conciliación y la paz social le abren el camino entre las posturas aceptables.

No, idiotas, no. Los ultras no saben, no quieren jugar a la democracia. Se valdrán de ella para hacerse un hueco en el poder, pero nada más. No traerán seguridad aquellos que asesinan a mujeres y chavales, quienes no pueden controlar su irracional y ferviente odio a todo cuanto sea distinto a ellos. Son incapaces de ocultar su instinto criminal  por mucho que pretendan integrarse en la democracia representativa. ¿Cuánto habrá que tolerarles hasta que se les eche a patadas del diálogo que jamás han pretendido preservar? No hay que manipular nada; basta con dejar que sus actos hablen por ellos y se revelen como la amenaza genocida que son.

La Historia enseña las lecciones con puño de hierro; ésta ya tendría que ser bien conocida. La ultraderecha no tiene cabida en una sociedad mínimamente justa e íntegra. No es válida ninguna otra opción más que su disolución y desaparición definitiva.

Y me río de quienes por ello puedan llamarme a mí intolerante. Si ésto es serlo, no quisiera que me llamasen de otra forma.