viernes, 13 de abril de 2012


Todos los que celebramos un recuerdo el 14 de abril tenemos algo en común que desconocen quienes nos critican, y es que de una forma u otra lo honramos todos los días del año. Lo hacemos con nuestros actos, defendiendo aquello en lo que creemos, y también lo hacemos con las palabras: no en vano ellas fueron la única herencia que pudo escapar de ahogarse en los ríos de sangre de las fosas; ellas ya volaban libres cuando todavía caía la cal sobre los párpados irremediablemente cerrados.

Por ser los paladines de la palabra, mi recuerdo empieza siempre dedicado a los poetas. Si es de quienes más me cuesta hablar no es por otra cosa que el ver tosca cualquier frase dedicada a aquellos que, continuando una honrosa labor, hicieron de esta lengua un arte. Sin desprecio a ninguna otra, ellos hacen que hoy yo me sienta privilegiado de poder hablarla y expresarme con ella: con todo el derecho del mundo merecieron ser reconocidos como una generación propia los que sobre un papel podían plasmar más sentimiento del que yo mismo pueda intentar expresar en un año entero.

No puedo evitar un especial afecto por dos de ellos: Lorca, quien casi desde la infancia me sigue descubriendo el potencial de palabras tan bien elegidas como en sus Bodas de Sangre

“¡Ay qué sinrazón! No quiero
contigo cama ni cena
y no hay minuto del día
que estar contigo no quiera
porque me arrastras y voy
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire
como una brizna de hierba.
He dejado a un hombre duro
y a toda su descendencia
en la mitad de la boda
y con la corona puesta.
Para ti será el castigo
y no quiero que lo sea.
¡Déjame sola! ¡Huye tú!
No hay nadie que te defienda.”

… y Miguel Hernández, el fuego hecho verbo, que dice en Los cobardes

“Estos hombres, estas liebres,
comisarios de la alarma,
cuando escuchan a cien leguas
el estruendo de las balas,
con singular heroísmo
a la carrera se lanzan,
se les alborota el ano,
el pelo se les espanta.
Valientemente se esconden,
gallardamente se escapan
del campo de los peligros
estas fugitivas cacas,
que me duelen hace tiempo
en los cojones del alma.”

A Federico lo mataron porque un régimen de bestias sin razón no puede entender otra manera de amar; en general, no puede entender el simple concepto del amor. A Miguel lo dejaron morir enfermo tras los barrotes como un delincuente, condenado por su apoyo absoluto a la causa del pueblo.

Pero de tan injusto sería ofensivo para ellos olvidar a quienes desde la discreta labor del maestro otorgan la justificación más pura e irrenunciable de nuestro proyecto. Hombres, pero sobre todo mujeres; personas armadas únicamente de palabras precipitando la lluvia de la cultura y las ideas sobre una tierra tan pobre en saber como en riqueza, personas entregadas a erradicar ese mal endémico que siempre asoló este trozo del mundo y del que se alimentaron todas las tiranías. No hay República sin maestras liberando las mentes, otorgando su valor a la infancia, reivindicando el derecho a la razón y ante todo diciéndole al poder con su trabajo que habían terminado los tiempos de apoyarse en la superstición. No es comprensible el carácter verdadero de los asesinos hasta que no se recuerda cómo fueron ellas y ellos los objetivos bélicos primordiales a los que la Iglesia española ni contemplaba aplicar valor cristiano alguno. No es tolerable permitir hablar del honor en la batalla de un ejército que mataba después de torturar y humillar públicamente a los civiles y especialmente a estos mártires. Violaciones y aceite de ricino, castración o mutilación para recordar al sometido su lugar e imponerle el terror más absoluto, terror que consta por escrito exigido por los oficiales y que fue sistemáticamente utilizado por los golpistas. De maestros están llenas nuestras cunetas: no culpéis a la casualidad de vivir en un país culturalmente tan mermado.

Ninguneados durante toda su existencia como colectivo, el campesinado pobre y harto se decidió en su mayoría por las opciones liberadoras del siglo XX. ¿Quién puede criminalizar a las gentes que pretendieron recuperar la tierra que llevaban generaciones trabajando para otros? Una existencia miserable que podría acabarse por la vía socialista o libertaria, las únicas opciones que rompían el esquema feudal y honraban por primera vez el trabajo como el mayor de los valores, y que a la vez ponían fin al asfixiante sometimiento moral impuesto por la jerarquía religiosa y principal beneficiaria de su explotación. Campesinos forzados a dejar sus campos y familias para cavar trincheras y defenderse de un ejército fratricida al servicio de los terratenientes; campesinos abonando con sus cadáveres la tierra que sus hijos cargados de vergüenza debieron continuar labrando bajo el yugo del vencedor. Que no disfracen de patriotismo la defensa de la propiedad de unos pocos mientras su base se muere de hambre: para ellos, la patria era y  es aquello que justifica todo mal a cambio de mantener a una élite dominante. 

Y de entre los leales, jamás se podrá olvidar al soldado y al miliciano que cumplieron su tarea por defender el sistema aclamado por la voluntad popular, el único en nuestra historia en el que se podrían disolver las estructuras medievales, tan podridas como fuertemente enquistadas en la sociedad tras siglos de opresión. Nunca, por tiempo que pase, ignorar al voluntario que abandonó su tierra natal para venir a luchar y a morir en una tierra de la que ni habría oído hablar por una causa que, aunque también le pertenecía –porque la libertad es de todos-, le alejó de los suyos e incluso le supuso ser tratado como un criminal por las autoridades de su país, las mismas que permitían en toda Europa el desarrollo de los regímenes genocidas parapetadas tras un cobarde silencio. Se lo decían nuestros predecesores en los ratos de quietud entre asalto y asalto, cuando el silencio entre los bombardeos se lo permitia, y nosotros seguimos aquí para continuar afirmándolo: nunca olvidaremos vuestra labor. La deuda que adquirimos con vosotros no expirará jamás. Incluso ahora que casi todos ya os habéis marchado nosotros atesoramos vuestro mensaje de total solidaridad y sacrificio desinteresado. No hay fama ni reputación que pueda llegar a eclipsar la del héroe brigadista.

Por eso, cuando alguien sin conocimiento o interés ataca aludiendo al paso de las décadas, sólo puedo decirle que la bondad humana y la justicia no caducan, ni mucho menos pueden ser enterradas en igualdad con la traición y la matanza. Aunque no fuesen tan escasas valdría la pena defenderlas, pero es que en esta tierra no hemos conocido mayor ni mejor ejemplo del esplendor de un pueblo decidido a cambiar verdaderamente su situación. Nuestra República es un proyecto que llevamos dentro cada uno de nosotros y que tiene como primera virtud realizar nuestra ambición más solidaria y elevada, otorgar a cada persona la libertad y la igualdad frente a los demás y la dignidad de la soberanía propia.

Son estos los motivos que me hacen vivir cada día como un tributo a la República que ha de llegar, la República de los trabajadores y de los ciudadanos, la del pueblo. No habrá desmemoria por mucho que lo pretendan los conscientes herederos del régimen golpista, como no la ha habido tras tantos años y tantas muertes. No la puede haber, porque nosotros somos esa memoria.


Viva la República.







jueves, 5 de abril de 2012


Jamás me desanimó saberlo: hay un largo, largo camino hasta la cima. Sigamos ascendiendo entonces.
Igual ahora que cuando empezaron, suben la temperatura en Radio Hanoi…

...los hijos malditos del rock 'n' roll >> ACDC



 


jueves, 29 de marzo de 2012


Nos reducen la plantilla
una nueva amenaza
intereses patronales en la producción
Tantos años aguantando
tus ridículos convenios...
decidido en asamblea: huelga general

Las sirenas ya no suenan
se paró la producción
estamos en guerra contra la explotación
Ellos hablan de negociación
nuestra lucha es justa: no a la reducción

Hay que recuperar campos, fábricas y obras
asfixiar a la patronal y a los ricos sepultar
Basta ya de burocracia y años de opresión
construyamos un futuro: ¡autoorganización!



Prácticamente ninguno de nosotros piensa que esta huelga vaya a haceros desistir de vuestro asalto: sabemos quiénes os pagan y presionan para que la apliquéis hasta las últimas consecuencias. Simplemente os recordamos que nosotros seremos esas consecuencias; que ésta es una guerra en la que nos lo jugamos todo y donde perder no es una opción.

Joder, no pretenderéis que nos quedemos sentados.






jueves, 22 de marzo de 2012



“La educación de los militares, desde el soldado raso hasta las más altas jerarquías, les convierte necesariamente en enemigos de la sociedad civil y el pueblo. Incluso su uniforme, con todos esos adornos ridículos que distinguen los regimientos y los grados […], todo ello les separa de la sociedad. Ese atavío y sus mil ceremonias pueriles, entre las que transcurre la vida sin más objetivo que entrenarse para la matanza y la destrucción, serían humillantes para hombres que no hubieran perdido el sentimiento de la dignidad humana. Morirían de vergüenza si no hubieran llegado, mediante una sistemática perversión de ideas, a hacerlo fuente de vanidad. La obediencia pasiva es su mayor virtud. Sometidos a una disciplina despótica, acaban sintiendo horror de cualquiera que se mueva libremente. Quieren imponer a la fuerza la disciplina brutal, el orden estúpido del que ellos mismos son víctimas.”  
-M. Bakunin-




Siendo niños hemos aprendido que obedecer garantizaba nuestro bienestar, y en la mayoría de los casos así fue con buena parte de lo que nos decían nuestros mayores: no juegues con cuchillos, lávate los dientes, contesta con educación, no hagas lo que no quieras que te hagan. Fuera del caparazón, las órdenes se han convertido en una guía de relaciones con el entorno, pero en cualquier caso hemos conquistado nuestra independencia a través de la responsabilidad.

La obediencia ha sido considerada una de las virtudes más honrosas dentro de las culturas más influyentes, lo mismo en la occidental como en la asiática. El significado del verbo que da forma a esa palabra es llevar a cabo una acción dictada por una entidad ajena, pero en cualquier caso sin pasarla por el filtro de la propia moral. Supone excluir la capacidad de razonar para ejecutar una labor con el nivel de conciencia de una simple herramienta. Obedecer significa renunciar a la propia esencia que nos permite considerarnos libres y racionales, humanos. Porque carece de la luz del raciocinio, la apodamos ciega. Por eso, a alguien se le ocurrió equiparar el monopolio del poder con la paternidad, de forma que viésemos en él la labor bondadosa de un padre, a la vez que el amor incondicional a su área de dominio, como el que se tiene a una madre. Esto es, que emocionalmente nos involucrásemos con los conceptos de Estado y Nación.

Hasta cierto punto somos parte del Estado, y en cierto modo somos hijos de una nación, justo hasta el punto en el que nuestra conciencia responsable se desarrolla y debería bastar para ejercer nuestra plenitud como personas. Esto supondría inhabilitar la concentración absoluta del poder en un núcleo de individuos que, evidentemente, entendieron que no les convenía desprenderse de su posición. En ese deseo concreto está la raíz de los dos mayores enemigos de la libertad: el nacionalismo, y el ejército. Un mecanismo de coerción impecable, ajeno a la voluntad social, sumergido en la ciega obediencia. Su mayor valor es no cuestionar jamás nada que se le ordene.

Todos aquellos conocidos que por vocación han querido o quieren incorporarse al ejército me han hablado siempre de defender: defender unos colores, un sentimiento y, finalmente, a sus propias familias en referencia a la sociedad. Su primer error es haber aceptado que un ejército como el nuestro, a este lado del mundo o en ésta situación, defiende en vez de participar en ofensivas. Si mañana recibiésemos una invasión armada, muchos saldríamos a la calle a combatir y nuestro amado Occidente no dudaría en titularnos como héroes. Si esto mismo te sucede en Oriente Medio, con suerte te llaman insurgente; lo más probable es que se hable de ti ya directamente como terrorista o talibán y nadie, nadie se molesta en indagar en las motivaciones por las cuales cogiste un arma -o ni siquiera...-. Nosotros liberamos, ellos ocupan. Nosotros abatimos, ellos matan. Con esa deformación de la realidad, justifican y suavizan los actos más criminales, y aún hay quien es engañado.

El segundo es que esos colores no son el mejor ejemplo de solidaridad e igualdad en manos de quienes los enarbolan. Es gracioso oír a uno de éstos intentando definir lo que entiende por nación. El resumen general viene a ser algo así: los ciudadanos tienen que ser de aquí, o si han nacido aquí pero tienen otro color de piel que se vuelvan a su puta casa. Está claro que esta fauna autóctona, con lo que le gustaría recoger fruta y cuidar abuelos, se enfurece de que vengan estos extranjeros a mancillar su labor patria. Luego ni mentarles ningún otro nacionalismo, porque odian a los que sienten lo mismo que ellos pero desde luego jamás los dejarían ir. El nacionalismo es bueno y honroso si es suyo y demencial y perverso si es de otros. Después, como se te ocurra abrir la boca, tía, querrán ir a por ti por atentar contra la sagrada preeminencia masculina, pues ellos saben que los derechos que piden esas víboras son excusas para quedarse su coche y su casa, y bastante tienen esas desagradecidas con que les dejen cuidar a sus hijos. Y vamos, a los maricones los sacarían a palos –a las lesbianas no, claro, que tienen muchos gigas que llenar con vídeos suyos-. Y los rojos estos, perroflautas guarros y vagos que sólo protestan, para esos ya tienen a los grise… las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, porque es sabido que no hay nada más español que tragar mierda y aceptar condiciones vergonzosas de trabajo sin reclamar, y quienes lo hacen son traidores.
Siguiendo los preceptos del buen patriota, aquí como en cualquier otro país sólo quedarían cuatro mierdas frustrados dándose al refrote para liberar la tensión y testosterona que se produce con tanta exaltación nacional. No se puede luchar por unos colores cuando sus principales cometidos son diferenciar de otros pueblos y reducir las múltiples identidades de una sociedad a un simple esquema cromático.

Carceleros de nuestro mundo, no ha existido contexto en el que un pueblo haya decidido libremente su destino sin tener que contar con ellos. Ésa es la verdadera cara del nacionalismo, deshumanizar personas y aglutinar cuerpos carentes de lógica que actúen como uno solo. En cada noticia sobre una población echando abajo sistemas corruptos e injustos hemos podido ver cómo han efectuado su trabajo con cruel precisión. Torturan, desmiembran, violan a aquellas que juran proteger, y cuyo honor dicen que vengarían si fuese atacado por invasores. Cuelgan, tirotean y degüellan a la sociedad que creyó necesitarlos, justo igual que hacen cuando aparecen esos enemigos que unos intereses que no son suyos les imponen. 

Es la vergonzosa situación de degradación de las palabras y la prostitución de valores que otros reclamamos como nuestros. Si su trabajo es acabar con vidas humanas, llamémoslos asesinos. Si su función es desatar el terror, llamémoslos terroristas.










sábado, 17 de marzo de 2012


Uno de los nuestros (1990)


Otras habrán podido gustar más o menos, pero es innegable que esta tiene un encanto especial. Uno de los nuestros es una historia de la crudeza del éxito fuera de lo legal y la opresividad del clan, adaptada al cine bajo la batuta del maestro Scorsese.

Ray Liotta narra, en el papel del italo-irlandés Henry Hill, su propio ascenso siendo sólo un chaval que llega a ganar la confianza de su entorno de mafiosos negándose a delatarlos ante un jurado. Evoluciona escalando posiciones bajo el amparo de una importante familia para, finalmente, llegar al desencanto. Pone en común sus intereses con Jimmy y Tommy, unos Robert de Niro y Joe Pesci absolutamente brillantes en una interpretación espontánea, muy propia y creíble que los consagró en el cine negro y le mereció a este último un Oscar. Cabe decir que ambos personajes demostrarán tener un doble filo muy agudo que Henry debe tener en cuenta en cada momento para moverse con seguridad.

La novia y después esposa del protagonista es la resuelta Karen, interpretada por una estupenda Lorraine Braco que nos introduce en la historia de las mujeres de los gánsters en un mundo estrictamente patriarcal, mujeres que deben renunciar muchas veces a su honor para mantener el prestigio social de sus parejas y que además son una víctima colateral casi segura en caso de que ellos caigan en desgracia dentro de la familia. En el caso de ella, mantiene una relación de amor-odio con su marido muy intensa y absorbente, que de algún modo define en un pensamiento que le surge tras protegerle él de un agresor:Sé que hay mujeres que habrían dejado a su novio en el momento que les hubiera dado un revólver. Pero yo no. Si he de decir la verdad, hasta me puso cachonda.” Enfrentados a menudo pero trabajando siempre como un equipo, son todo un aliciente en el guión.

Me hace especial gracia la forma en la que queda patente la corrupción de la que son parte intrínseca los compadres de Henry y él mismo. Hay unas escenas impagables dentro de la cárcel cuando coinciden varios de ellos y se les ve en una sala que se les ha dejado para su uso privado. Ahí tienen instalado sofás y televisión, fogones y todo tipo de utensilios de cocina para desarrollar su actividad favorita: la preparación de pasta y albóndigas -de tres tipos de carne- para la cena. Un guardia les lleva el vino que les mandan entre otras cosas desde el exterior sus familiares. 


El Don Paul y los suyos, pagando por sus crímenes


La filosofía de vida de este grupo queda resumida así de simple en boca del protagonista:Para nosotros, vivir de otra manera era impensable; la gente honrada que se mataba en trabajos de mierda por unos sueldos de miseria, que iba a trabajar en metro cada día y pagaba sus facturas estaba muerta, eran unos gilipollas, no tenían agallas. Si nosotros queríamos algo lo cogíamos y si alguien se quejaba dos veces le dábamos tal paliza que jamás volvía a quejarse.” Violencia, coacción y corrupción conjugadas en acción constante en una de las películas favoritas del que escribe.





jueves, 8 de marzo de 2012



El canon es la regla a seguir, pero en el lenguaje social es el perfil que establece la medida en la que alguien merece mayor o menor respeto por parte de los demás.
Casi automáticamente lo completamos con la expresión “de belleza”, ese concepto tan absurdo pero que tan de cabeza nos trae; no voy a perder ni un minuto en sacar todo aquello de las venus en el paleolítico o las mujeres pintadas por Rubens o el David. Ni falta que hace joderlo con los tópicos reveladores y liberadores de siempre sobre la evolución de los gustos que llevan no pocos artículos, textos y demás. Es el prejuicio que esconde el canon lo que vengo a desmontar.

El primer punto es que me paso por el culo que exista una norma que establece quién o qué es bonito y qué no. Claro que me han gustado chicas guapas que a otros mil tíos también, no pretendo ir de “lo superficial no importa, ¡si os fijáis en eso dais asco!”: que se aparten los pagafantas, a estas alturas no es presentable tener que hacer un alegato defendiendo los valores del interior. La cosa es que el dichoso canon pesa sobre todos nosotros, pero en el caso de nuestras compañeras sobrepasa lo ridículo. Indudablemente, la suya es una jaula muchísimo más estrecha, que en un delirio surrealista  hasta se le ha adscrito una regla numérica. ¡Una puta regla numérica para definir la belleza! ¡Una consecución de medidas que pretenden determinar qué chica está buena y cual no! Me gustaría encontrar al genio o iluminada que parió esa tontería sólo para modelar sierra en mano tan brillante idea. Ni Dexter podría superarlo.

Sobre lo que viene a continuación acepto la subjetividad que como chico heterosexual me aporta mi atención, pero en origen es lo mismo independientemente de quién lo lea: no hay regla de mierda que se sostenga, que pueda trivializar lo que se siente al rodear con la mano la cintura de determinada chica en un momento dado. Es demasiado personal y en buena parte hormonal como para que alguien te diga en cuántos centímetros se aleja o acerca a una cifra absurda. No hay estereotipo que pueda convencerte de qué tono de pelo y color de ojos son claramente más perfectos que los de alguien que te ilumina el día con una mirada. No se sostienen estereotipos como el "rubio/a con ojos azules" como tampoco se puede denigrar pertenecer a él: hay ojos azules de infarto como también hay sapos con ojos azules, ya ves tú. Hay alambradas amarillentas por melena y peinados discretos o atrevidos a juego con una personalidad, y qué. La variedad nos hace únicos.

No se puede retocar fotográficamente la realidad, pero es que se nos está haciendo creer que es necesario alterarla cuando no hace ninguna falta: no hay nada que mejorarle a una maraña de cabello despeinado y unos ojos entrecerrados cuando alguien se despierta a tu lado. ¿Qué hay de sexy en caminar como robots sobre una pasarela? Igual que con las poses ensayadas, es una burla a lo agradable de lo natural intentar mecanizar cada detalle. Si has de cambiar lo que ya es bonito, es que no lo es tanto.

Ojazos tiene...


Puedo respetar que haya profesionales dedicados a crear nuevas fórmulas para vestir a quien voluntariamente lo busca pero ¿una industria de la belleza que se dedica a destruir de cara a la sociedad al que no se asemeje al modelo que nos muestra? ¿Que además se alimenta de renegar cada uno o dos años de lo anterior frente a las novedades con el único fin de introducirnos en una espiral de consumo? ¿Con qué derecho han impuesto su modelo, totalmente excepcional e infundado, y obligado especialmente a las mujeres a renunciar a su salud, rebajar su dignidad y ante todo a desterrar su independencia? Tampoco ha faltado en esta labor esclavizadora la participación de discográficas y cadenas que han dictado estéticas y modos de vida orientados sobre todo a ellas para obligarlas a asumirlos y perseguirlos. Vendidas como trozos de carne para el negocio multimillonario, han conformado estándares que tienen que ser impuestos con toda la maquinaria publicitaria para no ser rechazados por un juicio lógico. Estándares que, no lo olvidemos, siguen llevando a la tumba a niñas y chicas que más que nunca debían sentirse libres en una sociedad moderna y son atacadas desde todos los frentes para someterse a la tiranía estética predominante.

Simplemente no puede pasar inadvertido cómo se han aprovechado estos buitres de la situación de inferioridad en la que vive la mujer para atarla todavía más. Todas estas décadas de publicidad atestiguan cómo han orientado cada campaña a vender sus productos utilizándola a ella misma de piedra angular. Fijaos en sus anuncios, la basura comercial más reciente donde presentan sistemáticamente a la mujer segura, autosuficiente, divertida, seductora, emprendedora… la esclava infalible dedicada a satisfacer en vida a una sociedad caníbal. Habrán podido cambiar la imagen de la ama de casa de los cincuenta, pero no la sumisión que subyace. Todo eso es lo que se le exige, y estar por debajo supondía una traición en todos los círculos: el familiar, el laboral y el personal. En general, nos han inducido a todos a visualizar el acto de consumir como un gesto de rebelión e independencia, de genuinidad: es una maquinaria muy eficaz que se sabe aprovechar de nuestros roles sociales y sexuales y que nosotros hemos aceptado e interiorizado en nuestro juicio crítico.

Y esto lleva a lo tercero: no somos nadie para decidir sobre los demás, y ya está. Yo no tengo ningún derecho a criticar a una mujer por ser muy alta y delgada como si es todo lo contrario, y lo mismo con un hombre. Se puede cuestionar, claro, a quien se mantiene así por alcanzar un estereotipo y machaca su salud o se empeña en deformar sus rasgos por imitar los modelos establecidos; ahora bien, ni yo ni nadie tiene la mínima potestad para juzgar unas características físicas que nos vienen dadas de nacimiento como tampoco lo que se hace para estar a gusto con uno mismo. No hay respetabilidad algunla en la opinión de quien se basa en criterios físicos para juzgar a las personas.

¿Cuántos de nosotros podríamos permitirnos señalar al que no pertenece a un canon, si prácticamente nadie lo alcanza? Pero sobretodo, ¿quién es tan gilipollas para querer alcanzarlo? La diferencia entre lo respetable y lo despreciable es más clara de lo que pueda parecer: basta con conocer hasta qué punto la propia imagen tiene más peso en la vida de alguien que los demás aspectos. Un cuerpo no dejará de ser el soporte de una persona con una conciencia dentro. Por otro lado, como es el único que tenemos, sentirnos cómodos con nuestro propio cuerpo es una razón suficiente para pasarse por los ovarios o por los cojones lo que tenga que decir nadie. Si al final quien nos gusta, nos gusta y a quien gustamos, gustamos...







jueves, 1 de marzo de 2012

Nunca he creído que haya un orden concreto para las cosas, un estado de equilibrio absoluto... y sin embargo, qué cerca se deja sentir. Porque no hay rugir sin respiro, esta tarde, en Radio Hanoi:


Música para templar el alma >> Morrowind






martes, 28 de febrero de 2012


No es país para viejos (2007) 


En un ambiente desértico y paradójicamente opresivo, junto a la frontera con México, McCarthy va moviendo los hilos de una historia sin prácticamente recovecos que los directores llevan con un ritmo absolutamente maestro. Es una lenta cacería en la que frialdad y remordimiento se alternan durante dos horas a través de personajes hundidos, sin nada que perder a excepción de dos millones de dólares que, para desgracia suya, se han visto hurtar a un veterano de guerra.

Un escalofriante Javier Bardem le pisa los talones en cada punto de su huída, ahora ya por su propia vida. El código ético del sicario y una enorme capacidad de improvisación lo convierten en un depredador total; por suerte para el espectador, los dos son hombres con recursos de sobra que hacen cada encuentro distinto al anterior. Siempre sobresaliente, Tommy Lee Jones es un sheriff con una deuda con su propio pasado que se ve superado por el avance implacable del español, repleto de muertes colaterales y adelantándoseles siempre a él y a su ayudante. La acción no se centra especialmente en estos hechos, que con sencillez pero mucha credibilidad se van sucediendo en un goteo constante durante la película en el que sucumben personajes no siempre sin relevancia; no hay sorpresas a la manera de Tarantino, como tampoco súbitos estallidos de la música en momentos de más acción: simplemente disparos precisos y la acción continúa con su lento progreso. Tienen nombre propio: son los hermanos Coen en su mejor versión. 

Precisamente la ausencia de banda sonora acentúa todavía más el ahogo de las situaciones y el peso de cada palabra en un guión breve y genial. Una frase en concreto se me queda grabada: “Si seguir tu norma te ha llevado a esta situación -le dice el desalmado protagonista al otro-, ¿qué clase de norma es ésa?”.



domingo, 26 de febrero de 2012

De la misma forma que cada mañana me levanto sabiendo que tengo otra jornada más para mejorar, también sé que hasta aquí llevo hecho un camino que no muchos podrían haber igualado. Suena en Radio Hanoi...


música que no deja morir el orgullo >> Perkele









jueves, 23 de febrero de 2012


Yo no dudo que desde la policía consideren imprescindible cargar contra estudiantes que se manifiestan. Claro que es necesario para ellos frenar, en la medida que puedan, las acciones de la población: precisamente ése es su trabajo. Por eso mismo consideramos al antidisturbios un mercenario y no un humilde trabajador; por eso nos avergonzamos de compartir nuestro espacio y los recursos que generamos con aquellos que están esperando la orden para reventarnos la cara a porrazos y destrozarnos a ostias en el suelo.

Así que ni mucho menos me podrían sorprender las declaraciones de un sindicato de perros guardianes mofándose del propio hecho de manifestarse y justificando cada golpe lanzado contra un estudiante así como también una cría, un abuelo o un padre. Tampoco lo hace el comprobar una vez más cómo los voceros de la extrema derecha desde sus reductos vuelven a intentar desprestigiarnos con unas maneras que de puro ridículas resultan sonrojantes y de paso nos identifican como siempre lo han hecho con todo aquello que consideran malo –lo cual muchas veces no deja de ser un verdadero honor, no lo niego-. Por mucho que les moleste, no van a poder convencernos de que no hemos visto lo que todos hemos podido apreciar, ni van a convencer a nadie -a excepción de esos buenos fascistas recalcitrantes que vienen convencidos de serie de la naturaleza malvada del manifestante- de que todos los detenidos valencianos son ex-convictos con cargos de todo tipo, auténticas bestias deseosas de matar monjas y comer niños mientras queman residencias y hospitales.

Cuando nos manifestamos estos días lo hacemos completando nuestro mensaje original. Seguimos reivindicando con mayor fuerza si cabe la defensa de nuestra educación, la única barrera entre una sociedad civilizada y una tiranía de los poderosos, pero añadiendo nuestra rabia tras los golpes recibidos por nuestro colectivo y, en general, por cualquier persona que reclama el mantenimiento de las bases mismas de nuestra cultura. No renunciamos a nuestra actitud pacífica porque sabemos que somos una mayoría respaldada por la razón de las palabras, pero estamos y seguiremos estando aquí para recordarles a quién se deben y qué es lo que nos están haciendo. Tampoco les convendría olvidar con tanta facilidad que las porras y los cascos no van a ser siempre suficientes si siguen abusando de la impunidad de la que han gozado toda la vida.




Uno de los mejores temas de una banda mallorquina sin igual resume muy bien dónde se encuentra el verdadero problema. Lo dejo aquí porque realmente hace honor a esta situación a la que nos han llevado.



Les llaman radicales, marginados 
sólo son rebeldes en una tierra hostil
No hay oportunidades, solo obligaciones 
leyes absurdas que no quieren cumplir.

Se burlan de la ley y del que la hace cumplir
cómo se nota que son de aquí.
Buscais soluciones para ellos
y el problema sois vosotros.
Policias, maestros ignorantes:
el problema sois vosotros
el problema SOIS VOSOTROS. 



lunes, 20 de febrero de 2012

Hoy escribo poco y se lo dejo todo a otro blog. Traigo un poquito de memoria, de esa que tanto hace enfadar a los pacíficos devotos de la reconciliación, siempre y cuando se mantenga enterrada en cunetas.

Pensábamos que era un escándalo poner en Defensa a un empresario del negocio de la muerte. Sin embargo, este no fue el único candidato a ocupar el puesto. ¿Cómo hay que considerar entonces la calidad de este otro posible fichaje?

El recientemente elegido director general de la Guardia Civil, Fernández de Mesa, demostró sobradamente sus servicios a la España que luchaba por pervivir en la Transición y cuyo recuerdo atesoran con especial cariño quienes hoy nos gobiernan. Chiquilladas... ¿acaso no hicieron otros lo mismo?

Cometieron dos errores, pretender matarnos y no cumplir su objetivo. Hoy seguimos vivos para señalarlos: somos hijos y nietos de la justicia profanada.








sábado, 18 de febrero de 2012

Hay días tanto tiempo esperados que merecen una banda sonora a su medida. 
Hoy, en Radio Hanoi:


 Música para forjar el cuerpo  >>The Prodigy