miércoles, 4 de julio de 2012


Tardo unos días en volver y además para algo que ni siquiera he escrito yo, pero tengo excusa. Hoy traigo un texto que muy amablemente me linkearon para tratar este tema: es la no tan inocente saturación de espacios en los informativos con la cantinela de cada santo año de que en verano hace calor y, en invierno, adivinadlo: ¡frío! No perderé tiempo repitiendo lo que ya explica aquí su autora, Beatriz Gimeno; desde el principio hasta el final estoy de acuerdo en todo lo que se dice.

"Progresivamente la información sobre el clima va copando más y más tiempo en los informativos. Entre el deporte y el clima pueden llegar a ocupar más de un tercio del tiempo del telediario. Si estamos en invierno la noticia es que hace frío y si estamos en verano que hace calor. Al calor del verano se le llama ya siempre “ola de calor” y lo mismo al frío invernal. No importa que en España, por ejemplo, haga ahora mucho menos frío del que hacía hace años, en cuanto nieva un poquito, lo llaman “ola de frío” y hacen de ello una noticia. Siempre es el día más frío o el más caluroso de las últimas décadas.

Cada vez que se da la noticia de que es julio y en Sevilla hace mucho calor, los telediarios entrevistan a unos supuestos expertos que, muy serios,  te dan los consejos necesarios para sobrevivir: ponerse a la sombra, beber mucha agua, darse crema solar. Para el invierno los expertos nos aconsejan llevar el móvil cargado, gasolina bastante por si te coge una ventisca y abrigarse mucho. Como nadie es completamente inmune a la manipulación informativa, la consecuencia es que la gente habla constantemente del clima y le parece, por ejemplo, que hace un frío horrible cuando hace menos de diez grados en invierno y un calor espantoso cuando hace más de treinta en verano. Se nos ha inoculado la idea de que tenemos que vivir a 25 grados. No aguantamos ni menos ni más y se abre un enorme mercado de todo tipo de aparatos para mantenernos a esa temperatura. Aparatos que son costosos, que contaminan y gastan energía. Si entras en una casa sevillana construida hace siglos, verás lo barato que puede resultar mantener una temperatura soportable sin hacer nada más que un gasto: el de una buena y ecológica construcción. Pero de eso no se habla, claro.

La infomración que se nos da es un ejemplo de la espectacularización de lo banal que afecta a todas las noticias y de la conversión en importante de asuntos que no lo son,  de manera que lo verdaderamente importante no sea nunca noticia. Así, un asunto en principio nada importante (en verano hace calor, en España mucho calor; en invierno hace frío) predecible y que no afecta para nada a nuestras vidas reales, parece la verdadera información y se hace pasar por fundamental, se consigue que todo el mundo hable de ello y que se preocupe. Al mismo tiempo, las autoridades que parecen “ocuparse” de esto con eficiencia consiguen parecer competentes y preocupadas por el bienestar de la ciudadanía. Este asunto permite que las autoridades aparezcan en los medios explicando que ante la nevada que viene tienen preparado una flora de camiones con sal , por ejemplo, y así parecen el colmo de la eficiencia y de la preocupación social. La población se queda más tranquila y confiada cuando ve que las autoridades se hacen con las riendas del problema. En realidad no había problema o es el más pequeño de nuestros verdaderos problemas. 

Dicho esto, sí, tenemos un enorme problema con el clima, pero no el problema que nos quieren hacer creer. El clima está cambiando y hace más calor que antes. De media esto es cierto, aunque en el día a día quizá no sea tan percibible ni afecte fundamentalmente a nuestras vidas cotidianas todavía, a las vidas de los españoles/as. Pero ese cambio sí afecta al planeta, a las cosechas, a las enfermedades, a la pobreza, a los desastres naturales que también afectan a los más pobres, a la justicia social, la crisis del agua que viene etc.  Es ahí donde el clima tiene mucha importancia y dónde podemos apreciar los efectos demoledores del cambio. Pero…eso no es noticia.

Se nos dice que hace mucho calor incluso cuando hace un calor normal; y se nos dice que bebamos agua, pero jamás se menciona que hace mucho calor porque no hay árboles, porque se construye mal y sin tener en cuenta el clima, porque se usa el aire acondicionado indiscriminada y enloquecidamente, porque la contaminación eleva los grados de las ciudades y, sobre todo, porque el clima está cambiando debido a la contaminación producida por la acción humana. En la televisión no salen nunca los recortes que se están haciendo en Medio Ambiente, en prevención de incendios, ni las consecuencias de la construcción desenfrenada en la costa, ni la contaminación de los ríos, ni las consecuencias del desarrollismo, de las subvenciones a los combustibles fósiles etc., eso jamás es noticia. Ni salen nunca verdaderos expertos/as en medio ambiente, en cambio climático o en ecologismo. La información climática que se nos ofrece no es política, es banal, es información vacía.

Cuando sale la tonta información del tiempo en el telediario parece que todo se reduce a poner más alto el aire acondicionado y beber mucha agua. Tras la banalización absoluta no hay nada político ni siquiera real. No va a ser poniéndonos a la sombra cómo detengamos el cambio climático que no consiste en que hace un poco más de calor, sino que se trata de un desastre de tal magnitud que la propia vida humana sobre el planeta queda comprometida. La banalización informativa sobre el clima no es más que un aspecto más de la manipulación a la que nos vemos sometidos día a día. La verdadera información climática se nos está hurtando."


El artículo lo expone en su blog: http://beatrizgimeno.es/2012/07/02/red-ecofeminista-el-timo-de-la-informacion-sobre-el-clima/




jueves, 21 de junio de 2012


Carlos Taibo y Raimundo Viejo no son de los que se callan. Supongo que años de teorización política, ensoñación filosófica y relajada rutina les permiten diseccionar e interpretar, confundir y denostar como les da la gana. Bueno, es lo que llamamos libertad de expresión.

Está muy bien aportar visión crítica como lo hacen ellos a las labores del trabajador industrial, el currante, el obrero en pleno sentido decimonónico de la expresión. No estaría de más aportar ya de paso alternativas cuando el primero de ellos critica el desgaste ecológico que supone la minería, por ejemplo, pero a estas alturas es realmente moderno plantarse en lo absurdamente extremo y claro, picar carbón, como talar un árbol, como construir una escuela, no dejan de ser formas de deteriorar el medio ambiente. Digo yo que encantados aceptarían los mineros un trabajo digno a la vez que ecosostenible, pero que se sepa protestan precisamente porque no se les ofrece salida alguna del barco que desde el poder les están hundiendo; sin embargo, ahí ya no se digna a adentrarse. Después se sorprenden cuando la ecología en su conjunto se muestra tan fácilmente criticable.

Lo que ya no veo tan bien es delirar como lo hace Raimundo y le aplaude su admirador Carlos al entrar en el tema de la acción. “Estudiantes e indignados, contrariamente a esa flipada de los mineros que rula por la red, no sólo consiguieron echar a los mossos de Plaça Catalunya; lo hicieron, además, sin necesidad de cohetes, dinamita, capuchas, ni toda la parafernalia: puro aikido de la multitud”.  

O vivimos en mundos paralelos o no fueron precisamente los mossos quienes salieron a patadas de dicha plaza. De hecho, creo recordar que la cantidad de hostias que se comieron los que ahí estaban fue de antología, o al menos eso fue lo que denunciaron tanto ellos como nosotros. Parece que por “aikido de la multitud” -expresión bastante "flipada", ya que estamos- el bueno de Raimundo entiende llevarse palos rodeado de otros tantos y que entre tres maromos te chafen la cara con la rodilla y te asfixien mientras te retuercen las muñecas, y aún te caigan algunos porrazos de propina. Bravo por el aikido de la multitud, llevando a quien lo practica al paraíso del placer mediante el dolor. Pura doctrina sadomaso.


Fuerzas del orden bloqueadas ante el sereno pacifismo indignado

Dinamita, capuchas y parafernalia han podido, le pese a quien le pese, mantener bastante más alejados a los guardianes del sistema, concretamente a la distancia máxima de alcance de esos graciosos lanzacohetes improvisados, pero el autor prefiere no profundizar tampoco en este punto. Ignora el significado que tiene que un grupo de trabajadores se organice y ponga en jaque a esas fuerzas ahora como hace ochenta años, que si quisieran frenarlos tendrían que sacar al ejército a pegar tiros justo como pasaba entonces. La heróica y casi divina resistencia pasiva de los indignados está a años luz de lograr, cuanto menos, evitar que les rompan la cara a golpes; pero claro, agitar las manos desnudas es tan jodidamente simbólico que bien vale la pena protagonizar unas cuantas fotos en los medios. A pesar de todo, las plazas –lugares de vital importancia productiva y enorme valor simbólico para el capitalismo, según parece- se ven bastante vacías tanto hoy como hace unos meses.

Pero es lo que hay: a quienes inexplicablemente les arde la lengua pronunciando la palabra trabajador les jode que los rescoldos de la lucha obrera todavía se agiten. Es mejor unir a todos los ciudadanos –gente con iguales derechos políticos, que no económicos ¡bien por estos genios anticapitalistas que no cuestionan el capitalismo!- y llenar de simbolismo, poesía y estados de facebook el mundo virtual. 

Ojalá pudiesen entender que los mineros, tanto con su trabajo concreto sacando carbón como con su respuesta y organización son muchísimo más que simples peones pidiendo trabajo. Son un símbolo, es así de sencillo.

Son un símbolo histórico para el trabajador que sólo ha conocido un mundo industrial. Históricamente, el último reducto contra las prácticas del capitalismo que los oprimía tanto como los necesitaba para alimentar sus máquinas. Su movilización ha resucitado movimientos que parecían condenados al fracaso; su increíble forma de actuar ha inspirado a sectores enteros de la población que estaban alejados de la lucha social y callejera. Son, por más motivos que nadie, la fuerza de trabajo alzada frente al beneficio de unos pocos. Y qué decir a los que critican que se subvencionen determinados sectores de la industria: no os quepa la menor duda de que todo se puede conseguir más barato, sobretodo cuando la mano de obra es esclava como en el Tercer Mundo. Nunca puede perjudicarnos disponer de agricultura o minería propias con las que autoabastecernos y crear puestos de trabajo, aunque los patriotas olviden sus argumentos cuando de obreros reivindicando se trata.

Por lo tanto, cuando quiera revolucionar el twitter no dudaré en apostar por la resistencia nula que defienden entre otros estos dos intrépidos revolucionarios de sillón, aventureros de la tienda de campaña -mientras la temperatura oscile entre los 22 y 32 grados-. La #spanishrevolution debe de estar ardiendo ahora mismo por lo que cuentan en sus blogs, si bien no se ve más humo que el de las barricadas de Asturias. Qué menos que no atreverse a ridiculizar a quienes han optado por una resistencia física, activa y directa.




Artículo de Carlos Taibo: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=151663
Web de Raimundo viejo: http://raimundoviejovinhas.blogspot.com.es/

 

jueves, 14 de junio de 2012


Esas veces en las que lo incomprensible se impone a lo razonable, el silencio se muestra como la mejor opción tras la que resguardarse. Esta noche nos deleita en Radio Hanoi...



música por el placer de la música >>  Encore



viernes, 8 de junio de 2012


No es extraño, ni mucho menos, escuchar justificaciones de lo injustificable. Una blanda existencia en un sistema cómodo llega a a disolver cualquier indicio de claridad en el pensamiento de los individuos más débiles y pasivos, hasta el punto en que son incapaces de apreciar la realidad y las consecuencias de su desconocimiento.

Estas personas critican que se rechace cualquier opción política, con la falsa creencia de que la simple capacidad de hablar otorga per se respetabilidad al mensaje de una persona. No es de un carácter tolerante ni bondadoso aceptar en el seno de la vida política las semillas del odio. No se puede respetar al que no respeta ni escuchar a quien pretende acallar las demás voces.  No es demócrata, o progresista; ni siquiera es aceptable. Por simple y llana cuestión de supervivencia, si jugamos a ser corderos no se puede dejar participar al lobo.

Con el cerebro ablandado por la abundancia y la facilidad en sus vidas hablan desde la ignorancia más atrevida y repugnante: todas las opiniones son igual de respetables, se hayan razonado o no, estén basadas en ideas mínimamente complejas o en mentiras toscamente levantadas. Completamente ciegos a la propia realidad de la Historia, con su querer quedar bien insultan a la conciencia y los razonamientos de millones de personas que dedican esfuerzo a analizar y comprender lo que les rodea. Desde su interesada desinformación son cómplices de la atrocidad y la tiranía. Su opinión vale lo mismo que la de un fundamentalista o un analfabeto; no se puede olvidar jamás que su dialéctica simplona y vacua es el pasto del que se alimentan las llamas del terror.

Pero así los ha hecho su pasividad y su pereza intelectual, pretendiendo parecer todo un ejemplo de tolerancia por hacerle el juego al intolerante. ¿Por qué sólo entran en razón cuando son víctimas de su ignorancia? Son un peligro casi tan grande como el propio depredador de la libertad, porque bajo la máscara de la conciliación y la paz social le abren el camino entre las posturas aceptables.

No, idiotas, no. Los ultras no saben, no quieren jugar a la democracia. Se valdrán de ella para hacerse un hueco en el poder, pero nada más. No traerán seguridad aquellos que asesinan a mujeres y chavales, quienes no pueden controlar su irracional y ferviente odio a todo cuanto sea distinto a ellos. Son incapaces de ocultar su instinto criminal  por mucho que pretendan integrarse en la democracia representativa. ¿Cuánto habrá que tolerarles hasta que se les eche a patadas del diálogo que jamás han pretendido preservar? No hay que manipular nada; basta con dejar que sus actos hablen por ellos y se revelen como la amenaza genocida que son.

La Historia enseña las lecciones con puño de hierro; ésta ya tendría que ser bien conocida. La ultraderecha no tiene cabida en una sociedad mínimamente justa e íntegra. No es válida ninguna otra opción más que su disolución y desaparición definitiva.

Y me río de quienes por ello puedan llamarme a mí intolerante. Si ésto es serlo, no quisiera que me llamasen de otra forma.



miércoles, 30 de mayo de 2012



Si tienes a varias personas hablándote maravillas de una serie, lo más probable es que sin quererlo te hagas unas expectativas que luego no se van a cumplir. Es algo tan viejo como la televisión, mucho más real que con los libros. No es así con Breaking Bad.

Cuando terminé de ver el primer capítulo me quedé con una sensación ambigua. Estaba acostumbrado a ver al padre de Malcom metido en líos, pero esto era distinto y no solamente por su bigote. Me pareció que a largo plazo la trama no podría despegarse de los tópicos previsibles –son ya muchas series que decepcionan a los pocos capítulos-. Tres capítulos después esa trama se había convertido en algo acojonante. Cuando acabé la primera temporada, necesitaba más la serie que Jesse las anfetas para dormir. 

Pero no es simplemente “esa jodida serie”, algo que enterrar con los estrenos de septiembre: Breaking Bad tuvo la capacidad de revolverme por dentro a la vez que distraerme; de hacerme sentir amor y odio por personajes que ni son buenos ni malos, pero son tan humanos  y creíbles que no puedes evitar intentar pensar como ellos y sorprenderte imaginando qué harías tú en su lugar. Y no es una pregunta fácil.


Walter White o el señor Heisenberg


La evolución es la palabra que mejor define su carácter. Evolucionan los acontecimientos para sorprender con contundencia; evolucionan los personajes, que se acomodan a lo que les va llegando de mejor o peor forma; evoluciona la propia historia haciendo una progresión impecable desde la primera temporada hasta la cuarta, habiéndose transformado en algo completamente distinto. Pocas veces se han encadenado tantos aciertos en el lodo comercial de Hollywood.

Hay situaciones que, remotamente parecidas a algunas que yo mismo he conocido, golpean en lo bajo del estómago: tuve que parar a mitad de la tercera y descansar varias semanas hasta retomarlo. Detras de la acción, los creadores construyen un escenario de contradicciones donde la desesperanza y el futuro se van turnando y llegan a calar en el propio espectador. Es una historia realmente dura, si la televisión y el cine no han terminado por destruir la sensibilidad de éste.

He sufrido con esa violencia latente tras las palabras y me he divertido con escenas de acción. Me habría partido la cara por un tío más duro que el hierro que empezó siendo un porrero desgraciado y fanfarrón, y habría abierto fuego contra cualquiera capaz de interponerse en el inmoral camino que escogió el señor White, un profesor de instituto. Acabé respetando al odioso cuñado y odiando al respetable hombre de negocios de la comida rápida. Me alegré por las muertes del Cártel, y me podía la pena viendo a esos diminutos personajes –lavanderas, cocineros, técnicos- moviéndose silenciosos y aplicados, peones de un tablero cruel e injusto.


Jesse Pinkman


No puedo evitar el intentar sacar lecciones de todo lo que veo, pero aquí vienen dadas por sí mismas. Esta historia me recuerda que las categorías morales son lo que nos lastra y dificulta nuestro avance más que ninguna otra cosa, pero vaya, también son lo único capaz de mantener nuestra identidad cuando todo se viene abajo, de aferrarnos al mundo y a la realidad para poder seguir encontrando el calor de los nuestros hasta en el entorno más hostil.




Breaking Bad es la historia de Walter White, un humilde profesor de química en un instituto que completa su jornal en un lavadero de coches. Este cuarentón se encuentra a cargo de su esposa, ama de casa embarazada tardíamente, y su hijo con parálisis cerebral. Cuando a Walter le diagnostican cancer de pulmón en fase tres, se decidirá por garantizar el modo de que su familia se mantenga para cuando él ya no tenga que temer a la ley. Elegir un atajo muy cuestionable para alcanzar su objetivo se revelará como una decisión de duras consecuencias.




martes, 22 de mayo de 2012


¿Quién será capaz de explicar a sus hijos que permitió que la educación fuese vendida sin sentir una vergüenza insoportable? ¿Quién aceptará la mediocridad en el conocimiento como un sacrificio necesario cuando siga viendo a los hijos de los ricos recibiendo una formación inalcanzable para los suyos propios?

Tanto dicen amar este país los que hacen negocio con nuestro bien más intocable… Si no salvamos la educación, dejamos que se hunda nuestro futuro en la ciénaga. Pero no contentos con desmontarla, la mafia del bloque neoliberal prepara la expansión de sus valores a las aulas, acción tan criticada cuando eran ellos la oposición, y que no pretende precisamente combatir discriminación alguna: es la reivindicación de la iniciativa individualista -es decir, competitividad feroz para aplastar a los demás en una carrera laboral y vital deshumanizada- y del liderazgo del empresario -o la subordinación ciega del trabajador menos cualificado- como un valor ante las élites económicas, reconociéndoles desde las bases su hegemonía.

La juventud es carnaza en su maquinaria del lucro, y para ello no pretenden únicamente facilitar la introducción de esta en el sistema, sino del sistema dentro de cada persona. Por eso decimos, como hoy, con una sola voz: ¡No a los recortes! ¡Fuera empresas de la universidad!


viernes, 13 de abril de 2012


Todos los que celebramos un recuerdo el 14 de abril tenemos algo en común que desconocen quienes nos critican, y es que de una forma u otra lo honramos todos los días del año. Lo hacemos con nuestros actos, defendiendo aquello en lo que creemos, y también lo hacemos con las palabras: no en vano ellas fueron la única herencia que pudo escapar de ahogarse en los ríos de sangre de las fosas; ellas ya volaban libres cuando todavía caía la cal sobre los párpados irremediablemente cerrados.

Por ser los paladines de la palabra, mi recuerdo empieza siempre dedicado a los poetas. Si es de quienes más me cuesta hablar no es por otra cosa que el ver tosca cualquier frase dedicada a aquellos que, continuando una honrosa labor, hicieron de esta lengua un arte. Sin desprecio a ninguna otra, ellos hacen que hoy yo me sienta privilegiado de poder hablarla y expresarme con ella: con todo el derecho del mundo merecieron ser reconocidos como una generación propia los que sobre un papel podían plasmar más sentimiento del que yo mismo pueda intentar expresar en un año entero.

No puedo evitar un especial afecto por dos de ellos: Lorca, quien casi desde la infancia me sigue descubriendo el potencial de palabras tan bien elegidas como en sus Bodas de Sangre

“¡Ay qué sinrazón! No quiero
contigo cama ni cena
y no hay minuto del día
que estar contigo no quiera
porque me arrastras y voy
y me dices que me vuelva
y te sigo por el aire
como una brizna de hierba.
He dejado a un hombre duro
y a toda su descendencia
en la mitad de la boda
y con la corona puesta.
Para ti será el castigo
y no quiero que lo sea.
¡Déjame sola! ¡Huye tú!
No hay nadie que te defienda.”

… y Miguel Hernández, el fuego hecho verbo, que dice en Los cobardes

“Estos hombres, estas liebres,
comisarios de la alarma,
cuando escuchan a cien leguas
el estruendo de las balas,
con singular heroísmo
a la carrera se lanzan,
se les alborota el ano,
el pelo se les espanta.
Valientemente se esconden,
gallardamente se escapan
del campo de los peligros
estas fugitivas cacas,
que me duelen hace tiempo
en los cojones del alma.”

A Federico lo mataron porque un régimen de bestias sin razón no puede entender otra manera de amar; en general, no puede entender el simple concepto del amor. A Miguel lo dejaron morir enfermo tras los barrotes como un delincuente, condenado por su apoyo absoluto a la causa del pueblo.

Pero de tan injusto sería ofensivo para ellos olvidar a quienes desde la discreta labor del maestro otorgan la justificación más pura e irrenunciable de nuestro proyecto. Hombres, pero sobre todo mujeres; personas armadas únicamente de palabras precipitando la lluvia de la cultura y las ideas sobre una tierra tan pobre en saber como en riqueza, personas entregadas a erradicar ese mal endémico que siempre asoló este trozo del mundo y del que se alimentaron todas las tiranías. No hay República sin maestras liberando las mentes, otorgando su valor a la infancia, reivindicando el derecho a la razón y ante todo diciéndole al poder con su trabajo que habían terminado los tiempos de apoyarse en la superstición. No es comprensible el carácter verdadero de los asesinos hasta que no se recuerda cómo fueron ellas y ellos los objetivos bélicos primordiales a los que la Iglesia española ni contemplaba aplicar valor cristiano alguno. No es tolerable permitir hablar del honor en la batalla de un ejército que mataba después de torturar y humillar públicamente a los civiles y especialmente a estos mártires. Violaciones y aceite de ricino, castración o mutilación para recordar al sometido su lugar e imponerle el terror más absoluto, terror que consta por escrito exigido por los oficiales y que fue sistemáticamente utilizado por los golpistas. De maestros están llenas nuestras cunetas: no culpéis a la casualidad de vivir en un país culturalmente tan mermado.

Ninguneados durante toda su existencia como colectivo, el campesinado pobre y harto se decidió en su mayoría por las opciones liberadoras del siglo XX. ¿Quién puede criminalizar a las gentes que pretendieron recuperar la tierra que llevaban generaciones trabajando para otros? Una existencia miserable que podría acabarse por la vía socialista o libertaria, las únicas opciones que rompían el esquema feudal y honraban por primera vez el trabajo como el mayor de los valores, y que a la vez ponían fin al asfixiante sometimiento moral impuesto por la jerarquía religiosa y principal beneficiaria de su explotación. Campesinos forzados a dejar sus campos y familias para cavar trincheras y defenderse de un ejército fratricida al servicio de los terratenientes; campesinos abonando con sus cadáveres la tierra que sus hijos cargados de vergüenza debieron continuar labrando bajo el yugo del vencedor. Que no disfracen de patriotismo la defensa de la propiedad de unos pocos mientras su base se muere de hambre: para ellos, la patria era y  es aquello que justifica todo mal a cambio de mantener a una élite dominante. 

Y de entre los leales, jamás se podrá olvidar al soldado y al miliciano que cumplieron su tarea por defender el sistema aclamado por la voluntad popular, el único en nuestra historia en el que se podrían disolver las estructuras medievales, tan podridas como fuertemente enquistadas en la sociedad tras siglos de opresión. Nunca, por tiempo que pase, ignorar al voluntario que abandonó su tierra natal para venir a luchar y a morir en una tierra de la que ni habría oído hablar por una causa que, aunque también le pertenecía –porque la libertad es de todos-, le alejó de los suyos e incluso le supuso ser tratado como un criminal por las autoridades de su país, las mismas que permitían en toda Europa el desarrollo de los regímenes genocidas parapetadas tras un cobarde silencio. Se lo decían nuestros predecesores en los ratos de quietud entre asalto y asalto, cuando el silencio entre los bombardeos se lo permitia, y nosotros seguimos aquí para continuar afirmándolo: nunca olvidaremos vuestra labor. La deuda que adquirimos con vosotros no expirará jamás. Incluso ahora que casi todos ya os habéis marchado nosotros atesoramos vuestro mensaje de total solidaridad y sacrificio desinteresado. No hay fama ni reputación que pueda llegar a eclipsar la del héroe brigadista.

Por eso, cuando alguien sin conocimiento o interés ataca aludiendo al paso de las décadas, sólo puedo decirle que la bondad humana y la justicia no caducan, ni mucho menos pueden ser enterradas en igualdad con la traición y la matanza. Aunque no fuesen tan escasas valdría la pena defenderlas, pero es que en esta tierra no hemos conocido mayor ni mejor ejemplo del esplendor de un pueblo decidido a cambiar verdaderamente su situación. Nuestra República es un proyecto que llevamos dentro cada uno de nosotros y que tiene como primera virtud realizar nuestra ambición más solidaria y elevada, otorgar a cada persona la libertad y la igualdad frente a los demás y la dignidad de la soberanía propia.

Son estos los motivos que me hacen vivir cada día como un tributo a la República que ha de llegar, la República de los trabajadores y de los ciudadanos, la del pueblo. No habrá desmemoria por mucho que lo pretendan los conscientes herederos del régimen golpista, como no la ha habido tras tantos años y tantas muertes. No la puede haber, porque nosotros somos esa memoria.


Viva la República.







jueves, 5 de abril de 2012


Jamás me desanimó saberlo: hay un largo, largo camino hasta la cima. Sigamos ascendiendo entonces.
Igual ahora que cuando empezaron, suben la temperatura en Radio Hanoi…

...los hijos malditos del rock 'n' roll >> ACDC



 


jueves, 29 de marzo de 2012


Nos reducen la plantilla
una nueva amenaza
intereses patronales en la producción
Tantos años aguantando
tus ridículos convenios...
decidido en asamblea: huelga general

Las sirenas ya no suenan
se paró la producción
estamos en guerra contra la explotación
Ellos hablan de negociación
nuestra lucha es justa: no a la reducción

Hay que recuperar campos, fábricas y obras
asfixiar a la patronal y a los ricos sepultar
Basta ya de burocracia y años de opresión
construyamos un futuro: ¡autoorganización!



Prácticamente ninguno de nosotros piensa que esta huelga vaya a haceros desistir de vuestro asalto: sabemos quiénes os pagan y presionan para que la apliquéis hasta las últimas consecuencias. Simplemente os recordamos que nosotros seremos esas consecuencias; que ésta es una guerra en la que nos lo jugamos todo y donde perder no es una opción.

Joder, no pretenderéis que nos quedemos sentados.






jueves, 22 de marzo de 2012



“La educación de los militares, desde el soldado raso hasta las más altas jerarquías, les convierte necesariamente en enemigos de la sociedad civil y el pueblo. Incluso su uniforme, con todos esos adornos ridículos que distinguen los regimientos y los grados […], todo ello les separa de la sociedad. Ese atavío y sus mil ceremonias pueriles, entre las que transcurre la vida sin más objetivo que entrenarse para la matanza y la destrucción, serían humillantes para hombres que no hubieran perdido el sentimiento de la dignidad humana. Morirían de vergüenza si no hubieran llegado, mediante una sistemática perversión de ideas, a hacerlo fuente de vanidad. La obediencia pasiva es su mayor virtud. Sometidos a una disciplina despótica, acaban sintiendo horror de cualquiera que se mueva libremente. Quieren imponer a la fuerza la disciplina brutal, el orden estúpido del que ellos mismos son víctimas.”  
-M. Bakunin-




Siendo niños hemos aprendido que obedecer garantizaba nuestro bienestar, y en la mayoría de los casos así fue con buena parte de lo que nos decían nuestros mayores: no juegues con cuchillos, lávate los dientes, contesta con educación, no hagas lo que no quieras que te hagan. Fuera del caparazón, las órdenes se han convertido en una guía de relaciones con el entorno, pero en cualquier caso hemos conquistado nuestra independencia a través de la responsabilidad.

La obediencia ha sido considerada una de las virtudes más honrosas dentro de las culturas más influyentes, lo mismo en la occidental como en la asiática. El significado del verbo que da forma a esa palabra es llevar a cabo una acción dictada por una entidad ajena, pero en cualquier caso sin pasarla por el filtro de la propia moral. Supone excluir la capacidad de razonar para ejecutar una labor con el nivel de conciencia de una simple herramienta. Obedecer significa renunciar a la propia esencia que nos permite considerarnos libres y racionales, humanos. Porque carece de la luz del raciocinio, la apodamos ciega. Por eso, a alguien se le ocurrió equiparar el monopolio del poder con la paternidad, de forma que viésemos en él la labor bondadosa de un padre, a la vez que el amor incondicional a su área de dominio, como el que se tiene a una madre. Esto es, que emocionalmente nos involucrásemos con los conceptos de Estado y Nación.

Hasta cierto punto somos parte del Estado, y en cierto modo somos hijos de una nación, justo hasta el punto en el que nuestra conciencia responsable se desarrolla y debería bastar para ejercer nuestra plenitud como personas. Esto supondría inhabilitar la concentración absoluta del poder en un núcleo de individuos que, evidentemente, entendieron que no les convenía desprenderse de su posición. En ese deseo concreto está la raíz de los dos mayores enemigos de la libertad: el nacionalismo, y el ejército. Un mecanismo de coerción impecable, ajeno a la voluntad social, sumergido en la ciega obediencia. Su mayor valor es no cuestionar jamás nada que se le ordene.

Todos aquellos conocidos que por vocación han querido o quieren incorporarse al ejército me han hablado siempre de defender: defender unos colores, un sentimiento y, finalmente, a sus propias familias en referencia a la sociedad. Su primer error es haber aceptado que un ejército como el nuestro, a este lado del mundo o en ésta situación, defiende en vez de participar en ofensivas. Si mañana recibiésemos una invasión armada, muchos saldríamos a la calle a combatir y nuestro amado Occidente no dudaría en titularnos como héroes. Si esto mismo te sucede en Oriente Medio, con suerte te llaman insurgente; lo más probable es que se hable de ti ya directamente como terrorista o talibán y nadie, nadie se molesta en indagar en las motivaciones por las cuales cogiste un arma -o ni siquiera...-. Nosotros liberamos, ellos ocupan. Nosotros abatimos, ellos matan. Con esa deformación de la realidad, justifican y suavizan los actos más criminales, y aún hay quien es engañado.

El segundo es que esos colores no son el mejor ejemplo de solidaridad e igualdad en manos de quienes los enarbolan. Es gracioso oír a uno de éstos intentando definir lo que entiende por nación. El resumen general viene a ser algo así: los ciudadanos tienen que ser de aquí, o si han nacido aquí pero tienen otro color de piel que se vuelvan a su puta casa. Está claro que esta fauna autóctona, con lo que le gustaría recoger fruta y cuidar abuelos, se enfurece de que vengan estos extranjeros a mancillar su labor patria. Luego ni mentarles ningún otro nacionalismo, porque odian a los que sienten lo mismo que ellos pero desde luego jamás los dejarían ir. El nacionalismo es bueno y honroso si es suyo y demencial y perverso si es de otros. Después, como se te ocurra abrir la boca, tía, querrán ir a por ti por atentar contra la sagrada preeminencia masculina, pues ellos saben que los derechos que piden esas víboras son excusas para quedarse su coche y su casa, y bastante tienen esas desagradecidas con que les dejen cuidar a sus hijos. Y vamos, a los maricones los sacarían a palos –a las lesbianas no, claro, que tienen muchos gigas que llenar con vídeos suyos-. Y los rojos estos, perroflautas guarros y vagos que sólo protestan, para esos ya tienen a los grise… las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, porque es sabido que no hay nada más español que tragar mierda y aceptar condiciones vergonzosas de trabajo sin reclamar, y quienes lo hacen son traidores.
Siguiendo los preceptos del buen patriota, aquí como en cualquier otro país sólo quedarían cuatro mierdas frustrados dándose al refrote para liberar la tensión y testosterona que se produce con tanta exaltación nacional. No se puede luchar por unos colores cuando sus principales cometidos son diferenciar de otros pueblos y reducir las múltiples identidades de una sociedad a un simple esquema cromático.

Carceleros de nuestro mundo, no ha existido contexto en el que un pueblo haya decidido libremente su destino sin tener que contar con ellos. Ésa es la verdadera cara del nacionalismo, deshumanizar personas y aglutinar cuerpos carentes de lógica que actúen como uno solo. En cada noticia sobre una población echando abajo sistemas corruptos e injustos hemos podido ver cómo han efectuado su trabajo con cruel precisión. Torturan, desmiembran, violan a aquellas que juran proteger, y cuyo honor dicen que vengarían si fuese atacado por invasores. Cuelgan, tirotean y degüellan a la sociedad que creyó necesitarlos, justo igual que hacen cuando aparecen esos enemigos que unos intereses que no son suyos les imponen. 

Es la vergonzosa situación de degradación de las palabras y la prostitución de valores que otros reclamamos como nuestros. Si su trabajo es acabar con vidas humanas, llamémoslos asesinos. Si su función es desatar el terror, llamémoslos terroristas.










sábado, 17 de marzo de 2012


Uno de los nuestros (1990)


Otras habrán podido gustar más o menos, pero es innegable que esta tiene un encanto especial. Uno de los nuestros es una historia de la crudeza del éxito fuera de lo legal y la opresividad del clan, adaptada al cine bajo la batuta del maestro Scorsese.

Ray Liotta narra, en el papel del italo-irlandés Henry Hill, su propio ascenso siendo sólo un chaval que llega a ganar la confianza de su entorno de mafiosos negándose a delatarlos ante un jurado. Evoluciona escalando posiciones bajo el amparo de una importante familia para, finalmente, llegar al desencanto. Pone en común sus intereses con Jimmy y Tommy, unos Robert de Niro y Joe Pesci absolutamente brillantes en una interpretación espontánea, muy propia y creíble que los consagró en el cine negro y le mereció a este último un Oscar. Cabe decir que ambos personajes demostrarán tener un doble filo muy agudo que Henry debe tener en cuenta en cada momento para moverse con seguridad.

La novia y después esposa del protagonista es la resuelta Karen, interpretada por una estupenda Lorraine Braco que nos introduce en la historia de las mujeres de los gánsters en un mundo estrictamente patriarcal, mujeres que deben renunciar muchas veces a su honor para mantener el prestigio social de sus parejas y que además son una víctima colateral casi segura en caso de que ellos caigan en desgracia dentro de la familia. En el caso de ella, mantiene una relación de amor-odio con su marido muy intensa y absorbente, que de algún modo define en un pensamiento que le surge tras protegerle él de un agresor:Sé que hay mujeres que habrían dejado a su novio en el momento que les hubiera dado un revólver. Pero yo no. Si he de decir la verdad, hasta me puso cachonda.” Enfrentados a menudo pero trabajando siempre como un equipo, son todo un aliciente en el guión.

Me hace especial gracia la forma en la que queda patente la corrupción de la que son parte intrínseca los compadres de Henry y él mismo. Hay unas escenas impagables dentro de la cárcel cuando coinciden varios de ellos y se les ve en una sala que se les ha dejado para su uso privado. Ahí tienen instalado sofás y televisión, fogones y todo tipo de utensilios de cocina para desarrollar su actividad favorita: la preparación de pasta y albóndigas -de tres tipos de carne- para la cena. Un guardia les lleva el vino que les mandan entre otras cosas desde el exterior sus familiares. 


El Don Paul y los suyos, pagando por sus crímenes


La filosofía de vida de este grupo queda resumida así de simple en boca del protagonista:Para nosotros, vivir de otra manera era impensable; la gente honrada que se mataba en trabajos de mierda por unos sueldos de miseria, que iba a trabajar en metro cada día y pagaba sus facturas estaba muerta, eran unos gilipollas, no tenían agallas. Si nosotros queríamos algo lo cogíamos y si alguien se quejaba dos veces le dábamos tal paliza que jamás volvía a quejarse.” Violencia, coacción y corrupción conjugadas en acción constante en una de las películas favoritas del que escribe.





jueves, 8 de marzo de 2012



El canon es la regla a seguir, pero en el lenguaje social es el perfil que establece la medida en la que alguien merece mayor o menor respeto por parte de los demás.
Casi automáticamente lo completamos con la expresión “de belleza”, ese concepto tan absurdo pero que tan de cabeza nos trae; no voy a perder ni un minuto en sacar todo aquello de las venus en el paleolítico o las mujeres pintadas por Rubens o el David. Ni falta que hace joderlo con los tópicos reveladores y liberadores de siempre sobre la evolución de los gustos que llevan no pocos artículos, textos y demás. Es el prejuicio que esconde el canon lo que vengo a desmontar.

El primer punto es que me paso por el culo que exista una norma que establece quién o qué es bonito y qué no. Claro que me han gustado chicas guapas que a otros mil tíos también, no pretendo ir de “lo superficial no importa, ¡si os fijáis en eso dais asco!”: que se aparten los pagafantas, a estas alturas no es presentable tener que hacer un alegato defendiendo los valores del interior. La cosa es que el dichoso canon pesa sobre todos nosotros, pero en el caso de nuestras compañeras sobrepasa lo ridículo. Indudablemente, la suya es una jaula muchísimo más estrecha, que en un delirio surrealista  hasta se le ha adscrito una regla numérica. ¡Una puta regla numérica para definir la belleza! ¡Una consecución de medidas que pretenden determinar qué chica está buena y cual no! Me gustaría encontrar al genio o iluminada que parió esa tontería sólo para modelar sierra en mano tan brillante idea. Ni Dexter podría superarlo.

Sobre lo que viene a continuación acepto la subjetividad que como chico heterosexual me aporta mi atención, pero en origen es lo mismo independientemente de quién lo lea: no hay regla de mierda que se sostenga, que pueda trivializar lo que se siente al rodear con la mano la cintura de determinada chica en un momento dado. Es demasiado personal y en buena parte hormonal como para que alguien te diga en cuántos centímetros se aleja o acerca a una cifra absurda. No hay estereotipo que pueda convencerte de qué tono de pelo y color de ojos son claramente más perfectos que los de alguien que te ilumina el día con una mirada. No se sostienen estereotipos como el "rubio/a con ojos azules" como tampoco se puede denigrar pertenecer a él: hay ojos azules de infarto como también hay sapos con ojos azules, ya ves tú. Hay alambradas amarillentas por melena y peinados discretos o atrevidos a juego con una personalidad, y qué. La variedad nos hace únicos.

No se puede retocar fotográficamente la realidad, pero es que se nos está haciendo creer que es necesario alterarla cuando no hace ninguna falta: no hay nada que mejorarle a una maraña de cabello despeinado y unos ojos entrecerrados cuando alguien se despierta a tu lado. ¿Qué hay de sexy en caminar como robots sobre una pasarela? Igual que con las poses ensayadas, es una burla a lo agradable de lo natural intentar mecanizar cada detalle. Si has de cambiar lo que ya es bonito, es que no lo es tanto.

Ojazos tiene...


Puedo respetar que haya profesionales dedicados a crear nuevas fórmulas para vestir a quien voluntariamente lo busca pero ¿una industria de la belleza que se dedica a destruir de cara a la sociedad al que no se asemeje al modelo que nos muestra? ¿Que además se alimenta de renegar cada uno o dos años de lo anterior frente a las novedades con el único fin de introducirnos en una espiral de consumo? ¿Con qué derecho han impuesto su modelo, totalmente excepcional e infundado, y obligado especialmente a las mujeres a renunciar a su salud, rebajar su dignidad y ante todo a desterrar su independencia? Tampoco ha faltado en esta labor esclavizadora la participación de discográficas y cadenas que han dictado estéticas y modos de vida orientados sobre todo a ellas para obligarlas a asumirlos y perseguirlos. Vendidas como trozos de carne para el negocio multimillonario, han conformado estándares que tienen que ser impuestos con toda la maquinaria publicitaria para no ser rechazados por un juicio lógico. Estándares que, no lo olvidemos, siguen llevando a la tumba a niñas y chicas que más que nunca debían sentirse libres en una sociedad moderna y son atacadas desde todos los frentes para someterse a la tiranía estética predominante.

Simplemente no puede pasar inadvertido cómo se han aprovechado estos buitres de la situación de inferioridad en la que vive la mujer para atarla todavía más. Todas estas décadas de publicidad atestiguan cómo han orientado cada campaña a vender sus productos utilizándola a ella misma de piedra angular. Fijaos en sus anuncios, la basura comercial más reciente donde presentan sistemáticamente a la mujer segura, autosuficiente, divertida, seductora, emprendedora… la esclava infalible dedicada a satisfacer en vida a una sociedad caníbal. Habrán podido cambiar la imagen de la ama de casa de los cincuenta, pero no la sumisión que subyace. Todo eso es lo que se le exige, y estar por debajo supondía una traición en todos los círculos: el familiar, el laboral y el personal. En general, nos han inducido a todos a visualizar el acto de consumir como un gesto de rebelión e independencia, de genuinidad: es una maquinaria muy eficaz que se sabe aprovechar de nuestros roles sociales y sexuales y que nosotros hemos aceptado e interiorizado en nuestro juicio crítico.

Y esto lleva a lo tercero: no somos nadie para decidir sobre los demás, y ya está. Yo no tengo ningún derecho a criticar a una mujer por ser muy alta y delgada como si es todo lo contrario, y lo mismo con un hombre. Se puede cuestionar, claro, a quien se mantiene así por alcanzar un estereotipo y machaca su salud o se empeña en deformar sus rasgos por imitar los modelos establecidos; ahora bien, ni yo ni nadie tiene la mínima potestad para juzgar unas características físicas que nos vienen dadas de nacimiento como tampoco lo que se hace para estar a gusto con uno mismo. No hay respetabilidad algunla en la opinión de quien se basa en criterios físicos para juzgar a las personas.

¿Cuántos de nosotros podríamos permitirnos señalar al que no pertenece a un canon, si prácticamente nadie lo alcanza? Pero sobretodo, ¿quién es tan gilipollas para querer alcanzarlo? La diferencia entre lo respetable y lo despreciable es más clara de lo que pueda parecer: basta con conocer hasta qué punto la propia imagen tiene más peso en la vida de alguien que los demás aspectos. Un cuerpo no dejará de ser el soporte de una persona con una conciencia dentro. Por otro lado, como es el único que tenemos, sentirnos cómodos con nuestro propio cuerpo es una razón suficiente para pasarse por los ovarios o por los cojones lo que tenga que decir nadie. Si al final quien nos gusta, nos gusta y a quien gustamos, gustamos...